Sin gestión del riesgo, invierno volverá a hacer de las suyas

sequia - blog todos por el agua

Por: Gonzalo Duque-Escobar, Ingeniero civil experto en geofísica Investigador y docente Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales
Al analizar los últimos dos fenómenos de La Niña, se evidencia que el calentamiento global es el que altera las condiciones del clima. Es en ese sentido que deben estar dirigidas las acciones del Gobierno.
El equinoccio del pasado 22 de septiembre marcó el inicio de una nueva temporada invernal. Existe expectativa sobre qué nos traerán estos meses tras los eventos que asolaron a Colombia durante La Niña 2010-2011. Por eso, es importante señalar los pronósticos sobre el clima y presentar elementos clave sobre cómo está amenazado y preparado el país.
La Niña y El Niño no son un desastre, solo son una oscilación cíclica y natural de la temperatura en la superficie del Pacífico (denominada ENSO). Otra cosa es el calentamiento global del planeta, aún en curso, donde la acción del hombre, con el efecto invernadero, ha mediado para alterar la magnitud del fenómeno, que al exacerbarlo es la causa de inviernos cada vez más torrenciales, sequías más intensas o huracanes más devastadores.
Si la temperatura en Colombia se incrementa en 3 ºC, los pisos térmicos se modifican. Equivale a variar el clima de cada región y ciudad por otro más cálido; sería como estar 500 metros más cerca del nivel del mar. En Colombia estarían amenazados páramos, manglares, ambientes coralinos, glaciares y todas las selvas andinas, costeras y de la Amazonia.
Según las previsiones asociadas al pronóstico global de incremento de la temperatura para el cambio climático, como las que presenta la Nasa en apod.nasa.gov, en Colombia se calentarían menos las zonas de relieve montañoso, como la Región Andina (2 ºC a 3 ºC), y más las regiones planas, como la Costa Norte, la Orinoquia y la Amazonia (3 ºC a 4 ºC).
El escenario y la amenaza
Mientras en la zona Norte y Oriental prevalece un solo clima, en la Andina se presentan dos temporadas invernales, que se inician con los equinoccios (marzo 21 y septiembre 22), y dos veraniegas, que empiezan con los solsticios (junio 21 y diciembre 22).
Cuando ocurre La Niña en la Región Andina, las temporadas de invierno y verano se hacen más húmedas. Con El Niño se hacen más secas, pero también los huracanes arrecian en el Caribe con mayor frecuencia e intensidad.
Un Niño moderado corresponde a una anomalía térmica que está entre 0,5 ºC y 1,5 ºC, y un Niño fuerte supera los 1,5 ºC, según el Índice Oceánico El Niño (ONI, por sus siglas en inglés). Pese a ello, son otras las consecuencias de estos fenómenos cuando se incorporan a la dinámica creciente del calentamiento global.
En las dos últimas Niñas, por ejemplo, las anomalías de temperaturas fueron parecidas: -10,5 ºC para el periodo 2007-2008 y -11,5 ºC para el 2010-2011, y duraron diez meses en promedio. Sin embargo, llama la atención la asimetría de los efectos en el país.
Mientras en La Niña de hace cuatro años las cifras llegaron a decenas de miles de damnificados en algo más de un centenar de municipios, en la que acaba de pasar ascendió a unos dos y medio millones de damnificados y daños severos en cientos de municipios, de los cuales cerca de tres decenas de cabeceras requieren reasentamiento.
Por sí mismos, los fenómenos de La Niña y El Niño no son los causantes de los enormes desastres de la pasada temporada invernal: son las condiciones culturales, de infraestructura y de preparación del país –sumadas al creciente efecto del cambio climático– las que agudizan el problema.
En cuanto a los pronósticos, para la temporada de septiembre a noviembre en curso, el International Research Institute for Climate and Society (IRI), basado en las predicciones de modelos y en las observaciones térmicas actuales (figura 1), estima que a pesar de que las condiciones débiles de La Niña son el escenario más probable, también resulta posible un retorno a condiciones neutras, o sea, sin Niño ni Niña. No obstante, estará presente el calentamiento global, como fuente de disturbio del clima.
El IRI estima que entre diciembre del 2011 y febrero del 2012, las probabilidades de que ocurra una Niña son de 50%, la de un periodo neutral, de 48% y las de un Niño, de 2%.
La gestión del riesgo
Ante lo grave del pasado evento invernal, que desnuda la falta de adaptación al calentamiento global como causa primera de los daños aún por reparar, vale el reclamo desde la provincia por las acciones centrales pendientes para garantizar el uso adecuado de los recursos de la Nación, en prevalencia del interés general y sin detrimento de las medidas administrativas y la necesaria vigilancia y control.
En ese marco, el Gobierno da pasos fundamentales gracias a lo contemplado en el Plan Nacional de Desarrollo, donde el tema se constituye en eje fundamental y se implementan tres estrategias: Gestión ambiental, Gestión del riesgo y Emergencia invernal.
Allí entran asuntos como el sistema de información ambiental, la gestión del recurso hídrico, el fortalecimiento del Sistema Nacional de Prevención y Atención de Desastres (SNPAD), el inventario de asentamientos y aseguramiento de bienes en riesgo, el fortalecimiento de la Dirección General del Riesgo y sus similares a nivel departamental y municipal, así como la rehabilitación, reconstrucción y prevención sector por sector, acciones que apenas van en curso.
A esto se suma la expedición del Decreto de Emergencia 144 del 21 de enero del 2011, para los Planes Municipales de Reducción de Riesgos, y el fortalecimiento del SNPAD, al crear un ente de mayor jerarquía y proyección con la Dirección General del Riesgo.
Se destaca la incorporación de la gestión del riesgo en los Planes de Desarrollo a la luz de la Ley 152 de 1994 y la expedición de la Ley 1454 del 28 de junio del 2011, para el ordenamiento territorial, donde dicho aspecto se integra a los procesos de revisión y ajuste de los Planes de Ordenamiento Territorial; allí se contempla la asociación de las corporaciones autónomas regionales y de los entes territoriales para emprender acciones de planificación y gestión de los desastres.
En ese sentido, se han dado cambios organizacionales en el Estado y se han creado instrumentos idóneos, pero a la magnitud y naturaleza del problema se añade la deficiencia estructural que parte de una cultura de improvisaciones, consecuencia de niveles de información deficientes para el análisis oportuno y acertado de las acciones.
Referencias
Duque Escobar, Gonzalo (2007). Amenazas naturales en los Andes de Colombia. Documento de trabajo. Universidad Nacional de Colombia (http://www.bdigital.unal.edu.co/1579/)
Duque Escobar, Gonzalo (2011). Calentamiento global en Colombia (ponencia). En: El Día Mundial del Medio Ambiente, junio 6 del 2011, Instituto Universitario de Caldas (http://www.bdigital.unal.edu.co/3673/)
Imagen: sequía, en blogtodosporelagua.wordpress.com

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