Manizales, un escenario de alta vulnerabilidad socioambiental

 

Por Gonzalo Duque Escobar

Urge una adaptación ambiental para Manizales, una ciudad que se ha preciado de ser un modelo latinoamericano en materia de prevención de desastres en virtud de la complejidad y singularidad del territorio. Posiblemente la intención de los académicos locales ha superado la decisión de los políticos manizaleños y, por lo tanto, a un costo alto se van destapando las contradicciones socioambientales que subyacen en el basamento de la jungla de concreto con el problema del agua y la tragedia del barrio Cervantes.

Si había una orden de evacuación de siete días antes, la lluvia de la noche anterior pudo ser apenas el detonante de una inestabilidad que se había manifestado y advertido, por cualquier motivo. En la zona, además de altas pendientes, de suelos inestables y de factores tectónicos que explican el escarpe, convergen circunstancias antrópicas que con el paso del tiempo van vulnerando la ladera, además de la exposición a la amenaza del fatídico evento. Frente a la tesis de que el cable vía pudo causarlo, mucho más significativo que el natural ruido sísmico generado desde la cimentación del cable, como fenómeno asociado a las vibraciones causadas por la operación de las vagonetas, es el efecto de los vehículos que siendo más pesados cruzaron la vía repetidamente y justo sobre la masa de suelo. No teniendo que ver la estructura profunda del cable que está a distancia del deslizamiento, además de la sobrecarga dinámica de los carros en la vía colapsada, otros factores contribuirían a la degradación del suelo, pero posiblemente ninguno resultó más efectivo que el agua saturando el terreno, independientemente de su procedencia: agua lluvia o del acueducto.

A través del Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional (IDEA), de la Oficina Municipal de Prevención y Atención de Desastres (Ompad) y de la Corporación Regional Autónoma de Caldas Corpocaldas, se vienen haciendo grandes esfuerzos desde hace años, que desafortunadamente no encuentran eco suficiente para satisfacer las demandas del territorio. Basta señalar que la inversión en materia de restauración de cuencas solo muestra inversiones en Caldas que son apenas la quinta parte del uno por ciento de los ingresos que por Ley deben destinar los entes territoriales, que el acueducto de la ciudad ha mostrado fallas protuberantes en materia de imprevisión relacionadas con políticas públicas que perciben el vital líquido como una mercancía y no como un patrimonio que debe destinarse a satisfacer necesidades básicas fundamentales.

Es claro que el calentamiento global va generando unas condiciones en las que los fenómenos del clima pasan a condiciones extremas y que por lo tanto la amenaza de los eventos hidrometeorológicos y de movimientos de suelo se ha incrementado conforme crecen en intensidad y frecuencia las lluvias durante los períodos de La Niña. Pero entonces la acción humana obliga a una adaptación oportuna consistente en reforestar cuencas, respetar humedales y ocupar debidamente el territorio reduciendo los niveles de exposición al peligro creciente o mejorando las condiciones de resistencia de los escenarios vulnerables, a partir de un estudio preciso de la amenaza.

Manizales es un escenario crítico dadas las condiciones del medio tropical andino, donde el clima, la topografía y el suelo cobran dimensiones dramáticas que obligan a atender de forma más certera la alta susceptibilidad a los deslizamientos de tierra y flujos de lodo, habida cuenta de las dinámicas crecientes de la amenaza climática. Esto debe ser un aspecto fundamental para abordar los temas del Plan de Ordenamiento Territorial en el nuevo ciclo de doce años que se inicia en el 2012.

Entre las tareas que habrá que abordar en el POT está el de definir con precisión la amenaza sísmica teniendo en consideración la propuesta que hizo la Universidad Nacional, cuando mostró que las predicciones señaladas en el Código Colombiano de Sismo Resistencia para la ciudad eran escasas. También identificar la vulnerabilidad de las líneas vitales y de algunos sectores críticos de la ciudad a eventos climáticos extremos, lo que incluye no solo las vías de salida por los cuatro puntos cardinales, sino también los barrios populares que se van desprendiendo desde las laderas, pues para nadie es desconocido que se ha llegado al colmo de ver urbanizaciones montadas sobre movimientos en masa.

Y para quienes crean que el asunto del calentamiento global no va en serio, basta señalar que a raíz de la Niña 2010-2011 más de 30 poblaciones en Colombia requieren reasentamiento como ocurre en Gramalote; las cifras de damnificados con una Niña moderada alcanzan cifras del orden de los 2.5 millones y tampoco se había visto inundada la Sabana de Bogotá, en una circunstancia similar a la de Venecia. Solidaridad con las víctimas y damnificados por la tragedia del Barrio Cervantes.

Desde el OAM, Gonzalo Duque-Escobar

http://www.manizales.unal.edu.co/oam_manizales

Relacionados:

Riesgo en la zona andina tropical por laderas inestables, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/1681/

Geomecánica de las laderas de Manizales, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/1603

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