BIODIVERSIDAD Y AGUA A CAMBIO DE EMISIONES. Ed. Circular RAC 538

Por Gonzalo Duque-Escobar

 

Cuando los países ricos y pobres están atascados sobre cómo compartir el peso de reducir las emisiones y sobre la ayuda que financie un acuerdo a largo plazo para enfrentar el calentamiento global, se ha dado una noticia dramática para subrayar las dificultades de quienes deben tomar las decisiones en el Pacto de la ONU que cierra en diciembre en Copenhague, dado que en 2012 expira el Protocolo de Kyoto de 1997: dice el Sr Georg Kell, como participante destacado en el Summit de Cambio Climático, sobre el fenómeno global, que “se trata de un tema sistémico que afecta a todas las actividades humanas”, y advierte que con el cambio climático, de no actuarse, “se afectan la seguridad alimenticia, la disponibilidad del agua, la eliminación de la pobreza y la garantía de la seguridad de las personas”.

 

Indudablemente, este asunto nos toca. Si bien los expertos han considerado probable un escenario con un incremento de la temperatura hacia las siguientes décadas en 2° C para los Andes más septentrionales de América y de 3° C para las demás regiones sin relieve vecinas a esta región, como nuestras zonas de costas e insulares y las del oriente de Colombia, aquí en Latinoamérica no hacemos mayores cosas, salvo talar las selvas intertropicales y exportar combustibles fósiles. Si bien resulta difícil el tema del carbón y del petróleo para países como Colombia que dependen de sus rentas, algo podemos hacer en relación con los bosques, aunque sabemos existen serias observaciones sobre las cuantías equivalentes para definir los millones de toneladas de compensación por año para los contaminadores en lugar de reducir sus propias emisiones, para no entrar en otras observaciones asociadas al monitoreo y contabilidad apropiada de las fugas realmente causadas.

 

Sea esta la oportunidad para dos asuntos: el primero, reconocer los esfuerzos en la región de Greenpeace, una organización ecologista internacional económica y políticamente independiente, que entre otras actividades, en Colombia hace una extraordinaria campaña de recolección de firmas para salvar los páramos como ecosistemas estratégicos y corredores biológicos, que capturan carbono de la atmósfera, y como humedales clave en la regulación del ciclo hidrológico. Y el segundo, reconocer la interesante Iniciativa Yasuní- ITT propuesta por la República del Ecuador, dada sus implicaciones sobre la necesaria protección de la frágil selva amazónica y sus culturas nativas, aplicable en países megadiversos no desarrollados, como Colombia, que opten por evitar indefinidamente la explotación de combustibles fósiles en áreas de alta sensibilidad ambiental y cultural, a cambio de Certificados de Garantía del Yasuní (CGY).

 

Desde el OAM, Ed. Circular RAC 538.

http://www.manizales.unal.edu.co/oam_manizales/

 

Imagen: www.Greenpeacecolombia.org

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