Terremotos en el occidente colombiano



Por: Gonzalo Duque-Escobar* 
Al llegar esta Semana Santa con preocupantes noticias que invitan a reflexionar sobre las penurias de los bomberos voluntarios de los municipios de Caldas ocasionadas por la falta de recursos para su funcionamiento, y los pendientes del POT 2017 de Manizales relacionados con la microzonificación sísmica, la norma geotécnica, la protección y seguridad contra incendios, las edificaciones de bahareque y la estructura ecológica de soporte, quisiera hacer una lectura a las lecciones del fatídico terremoto de Popayán ocurrido a las 8h 15m de la mañana del Jueves Santo de 1983, cuando 18 segundos de sacudidas cobraron 300 vidas y causaron pérdidas estimadas en U$580 millones, equivalentes al 1,5% del PIB de entonces, con daños invaluables como los de la cúpula de la Catedral Metropolitana (1906), el Templo de Santo Domingo (1788) y la Torre del Reloj (1673), tres joyas del Centro Histórico de una de las ciudades emblemáticas de Colombia y que hasta entonces fuera conocida como “la ciudad blanca”, dados los hallazgos de diversos estilos de pintura mural en varias fachadas coloniales que ahora destapados tras la reconstrucción se pueden contemplar.


Lo anterior, porque si en algo ha cambiado el país en la gestión del riesgo por la vía de la prevención frente a la amenaza sísmica, ha sido gracias a la creación en 1993 de la Red Sísmica Nacional a cargo de Ingeominas y a la expedición del Decreto 1400 de 1994 que crea el Código Colombiano de Construcciones Sismo Resistentes, todo esto como herencia del terremoto de Popayán de hace 36 años, del cual el país aprendió que era necesario normar las construcciones para soportar las sacudidas del suelo, prever la concentración de daños en edificaciones de pocos pisos, reducir la flexibilidad en los edificios aporticados, mitigar la vulnerabilidad de vigas y columnas dotándolas de más de estribos, resolver la fragilidad de estructuras en tapia, incorporar el diseño en elementos no estructurales y acometer la microzonificación urbana. A esto deberá añadirse que posteriormente la norma se ha venido actualizando, para contemplar las construcciones en tierra o bahareque del patrimonio arquitectónico y los problemas derivados de las asimetrías como fuente de cambios abruptos en rigidez y resistencia de las estructuras, entre otros asuntos.


Volviendo al caso de Manizales, debemos partir del reconocimiento a los esfuerzos interinstitucionales que desde 2012 hace la ciudad, implementando un sistema integral de gestión de riesgos que contemple el análisis de sus causas y factores contribuyentes además de su  evolución espacial y temporal, y en el que se contemplan el manejo de información, la investigación y monitoreo de las amenazas geodinámicas (sismos, deslizamientos y lluvias), la capacitación y transferencia tecnológica en temas relacionados, lo que explica la incorporación en el POT de los pendientes señalados: sin ellos, se hace difícil precisar el modelo de ocupación del territorio ajustado a la aptitud del suelo y por lo tanto a la oferta ambiental de su estructura ecológica, dado que de la amplificación sísmica y tipología constructiva de cada segmento de la ciudad dependen no sólo el nivel de pérdidas, sino también el diseño sismorresistente de las estructuras vulnerables a intervenir.


A modo de recuento histórico, en el Occidente Colombiano donde la amenaza es alta, ya que la fuerza sísmica a contemplar en los diseños estructurales varía desde aceleraciones (Aa y Av) del 50 al 40% en la costa del Pacífico, hasta el 25% en las capitales del Eje Cafetero, Cali y Pasto; esto contra un 15 a 20% para el caso de Medellín, Ibagué y Bogotá que aparecen en zona de amenaza sísmica intermedia. Nuestras fuentes sísmicas en la provincia sismo-tectónica que va del Eje Cafetero hasta Nariño, son dos: el sistema de fallas de Romeral que transcurriendo por la vertiente occidental de la Cordillera Central origina eventos superficiales, como los del Quindío (1999) con magnitud 6,2 (Richter) e intensidad IX (Mercalli)  y el de Popayán (1983) con magnitud 5,5 e intensidad VIII; y segundo la zona de subducción cuyos eventos de magnitud cercana a siete con treinta veces más de energía, por ser profundos hacia el interior de la citada provincia no hacen el mismo daño en estas ciudades mediterráneas: véanse los sismos de 1962 (El Cairo), 1979 (Mistrató), 1995 (Tuluá) y 2013 (Nariño). 
* Profesor Universidad Nacional de Colombia http://godues.webs.com [Ref.: La Patria. Manizales, 2019/04/08] Imagen: Amenaza sísmica en Colombia: valores pico de aceleración y velocidad sísmicas de diseño Aa y Av para un evento con un período de retorno de 750 años. Comité AIS-300, en Estudio General de la Amenaza sísmica de Colombia 2009.
ENLACES DE REFERENCIAS U.N.:

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: