“El Centro Histórico”

“El Centro Histórico”
Colección de artículos Nº 1
Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales 

Luis Fernando Acebedo (1)

Gonzalo Duque et all (2)

Pedro Felipe Hoyos (3)

 

Querido lector,

Con esta recopilación de artículos, la SMP de Manizales se vincula al trabajo que varias personas e instituciones están adelantando para preservar el Centro Histórico de la ciudad. Estos artículos que fueron publicados en diferentes medios de comunicación, creemos pertinente reunirlos en un solo cuerpo debido a su importancia, ya que le ayudan al lector a formarse una opinión propia sobre un tema crucial, como lo es el nuevo POT.

Los autores son ciudadanos conocedores del tema, apasionados por visionar una Manizales mejor en todos los sentidos. Sus diferentes puntos de vista, de Luis Fernando Acebedo como arquitecto, Gonzalo Duque como ingeniero y Pedro Felipe Hoyos como historiador, se complementan de forma admirable, sumando una idea precisa de cómo analizar el Centro Histórico para adelantar soluciones acertadas.

Marina Jiménez Buitrago

Presidente SMP de Manizales *

Jueves 20 de Junio de 2013.

I Parte

LUIS FERNANDO ACEBEDO R

 

Sueño con una ciudad y un centro histórico revitalizados

Las últimas administraciones municipales han interpretado los imaginarios de futuro de los manizaleños a través de proyectos de infraestructura, especialmente viales. Todas estas iniciativas han buscado incrementar la sensación de vértigo bajo el supuesto de una sociedad que está en permanente movimiento y demanda una mayor velocidad en sus interacciones.

Este imaginario no ha estado acompañado de estudios y mucho menos de una visión sistémica e integral. Lo cierto del caso, es que la movilidad vehicular, especialmente de los autos privados es por desgracia la heroína en Manizales, a quien se le debe rendir pleitesía y admiración. Se busca que los carros puedan llegar hasta los lugares más inhóspitos, de ser posible parquear al frente del almacén o de la tienda. Se le abren nuevos espacios públicos para que descansen y se construyen nuevas vías y túneles para que circulen. Cualquier antejardín es susceptible de convertirse en parqueadero gratuito y la autoridad está dispuesta a perdonar toda infracción con tal de no debilitar el usufructo del espacio público por parte de estas máquinas en detrimento de los ciudadanos. Si es necesario expropiar a pequeños propietarios para construir nuevas avenidas, se hace, no importa si con ello se desarraigan o se expulsan familias enteras a las periferias hacinadas. De esta manera los gobernantes piensan que la ciudad “progresa” y se vuelve atractiva y competitiva a los ojos de los visitantes, principalmente extranjeros.

Bajo esta lógica, el centro histórico se llena cada vez más de vías y de vehículos, pero pierde paulatinamente su riqueza cultural e histórica; los escasos espacios públicos y las casas deterioradas se convierten en parqueaderos mal diseñados y concebidos. La calle se volvió un excelente negocio, dicen algunos, susceptible de vender o alquilar por metro cuadrado. Entre tanto, los policías vigilan las mercancías privadas pero ignoran la protección al buen uso del espacio público. En época de ferias, todos se sienten con el derecho de apropiarse del espacio público, y en no pocas oportunidades la administración concesiona las aceras a quienes comercian con la venta de licores, convirtiendo la ciudad en una cantina con derecho a música de altos decibeles en cada esquina.

En ferias, dicen, Manizales es una fiesta; los ciudadanos pierden su condición y se convierten en consumidores. Poco a poco el consumo invade la vida cotidiana y expulsa lo público del espacio citadino. Por eso muchos de sus nativos prefieren huir de la ciudad en esas festividades que en vez de dejar cultura agreden la convivencia, atraen la delincuencia y le producen a la ciudad la resaca de una semana de excesos etílicos y maltratos a algunos animales. Todo ello impulsado y patrocinado por quienes deberían ser los adalides de la cultura, la civilidad y el buen vivir.

Yo quiero soñar con otro centro histórico y por supuesto con otra ciudad. Quiero imaginar una ciudad lenta, diseñada para los peatones, porque Manizales se puede recorrer a pie sin ningún problema como lo hacen centenares de estudiantes que no tienen para pagar el transporte público. ¿Si las estadísticas demuestran que la ciudad no crece en población, por qué tiene que expandirse en suelo? Bastaría con elevar la calidad de vida de sus habitantes con trabajos estables y dignos; revitalizar los barrios mejorando la calidad de las viviendas o re-densificando moderadamente en algunos sectores; construir sistemas de espacios públicos que articulen las comunas, recuperen las quebradas y doten a los eco-parques de los equipamientos necesarios para que sean masivamente usados y vividos.

La cuenca del río Chinchiná debería ser el gran proyecto de integración subregional porque es la máxima expresión de la feminidad, proveedora de vida, oxígeno y de numerosas fuentes de agua que alimentan a todos los seres vivos dentro de su ecosistema. Un sistema asociativo pluricéntrico que aproveche complementariamente las ventajas comparativas de cada uno de los municipios que integran la Cuenca, es el mejor escenario para avanzar en equidad y en oportunidades para todos sus habitantes.

La recuperación, utilización y optimización del agua que brota de las montañas debería ser el gran reto del espacio público en Manizales. Ella debería circular libremente por los parques, regar los jardines, servir de abrevadero de las decenas de pájaros que aún conviven con la vida citadina, calmar la sed de los deportistas y de las mascotas que salen a pasear los fines de semana. Y obviamente, surtir del preciado líquido a los más pobres, a quienes no tienen cómo pagar una factura de una empresa de acueducto cada vez más deshumanizada y mercantilizada, tal y como quedó evidenciado en la pasada ola invernal del año 2012 y la escases del agua por más de 20 días, pese a publicitarse como la “capital mundial del agua”.

Imagino un sistema de movilidad lento, aunque no por ello ineficiente. Un tranvía, de esos de última tecnología, atravesando la ciudad por el lomo de la montaña que facilitó la expansión de la ciudad en sentido occidente-oriente, desde el parque Olaya Herrera hasta el Batallón Ayacucho. Al pasar por el centro, tomaría la carrera 22 para permitir la peatonalización definitiva de la carrera 23. Transversalmente, los Cables Aéreos pensados sistémicamente comunicando la ciudad de sur a norte y complementados con escaleras eléctricas y ascensores urbanos para facilitar la circulación de los ancianos, las personas en situación de discapacidad y las mujeres embarazadas, entre otros. Las busetas circularían por las avenidas Paralela y Kevin Ángel, atravesarían la carrera 23 en dirección a los barrios y complementarían el Sistema Integrado de Transporte.

Imagino un centro para caminar y circular, un centro para vivir plácidamente, sin la amenaza constante de los vehículos privados, atosigando. Ellos parquearán en las periferias del centro tradicional en edificios que tendrán por función recibirlos amablemente, en condiciones apropiadas. El centro histórico se merece no solo la peatonalización de la carrera 23 como su calle más referencial y emblemática. La retícula ortogonal del centro tradicional de pequeñas manzanas de 60×60 metros aproximadamente, permite pensar en intercalar la peatonalización de algunas de sus calles conforme a algunos usos ya existentes y otros que podrían venir: la calle del tango de tanta recordación; la calle de los cafés al lado de la plaza de Bolívar y más abajo, la calle de las frutas para conectar organizadamente la Plaza de Bolívar con la plaza de Mercado, recuperada como un gran “cluster” de distribución y procesamiento de alimentos, epicentro de la política de seguridad alimentaria del municipio; la calle del teatro para los grupos locales que carecen de salas dignas, pese a tener Festival Internacional de Teatro y un programa de formación para las artes escénicas; la calle de las librerías, porque una ciudad que se precia de ser culta –no necesariamente del conocimiento- las librerías, junto con las bibliotecas, deberían funcionar 24 horas. Pero en Manizales se cierran porque no pueden competir con los bares, los casinos o los centros comerciales.

Sueño con una ciudad que aplique los instrumentos de financiación y gestión del desarrollo urbano para obtener recursos económicos que permitan recuperar y sostener el patrimonio histórico, los espacios públicos de calidad, los colegios y equipamientos. Una ciudad bien planeada y con una política de distribución equitativa de los costos y beneficios en los desarrollos inmobiliarios, es una ciudad con recursos constantes para invertir en la calidad de vida, el ambiente y los espacios públicos.

En fin, un centro para todos, una ciudad también pluricéntrica pensada para hombres y mujeres, pues como bien lo decía un adulto mayor en un foro reciente sobre la carrera 23, los hombres y las mujeres usan de manera diferenciada el centro y la ciudad. Los hombres son más lineales y estacionarios, las mujeres más circulares y móviles. La perspectiva de género en el ordenamiento territorial es ya un imperativo como expresión de la democratización de la sociedad, el multiculturalismo y el reconocimiento de la diversidad.

Ese plácido sueño, algún día, sustituirá las pesadillas que hoy me atormentan ante la insensatez de los gobernantes y sus ferias inmobiliarias.

La crisis de la 23 en Manizales: un asunto de política pública

En buena hora la Procuraduría Regional de Caldas citó el pasado 22 de febrero a una mesa de trabajo a diferentes sectores de la sociedad de Manizales para analizar el presunto deterioro de la Carrera 23 en el marco de una acción preventiva iniciada por esta entidad de control. Allí se hicieron presentes muchos de los dolientes directos de la 23, los vendedores de la calle formalizados y los locatarios, la Asociación Cívica Centro Histórico de Manizales, la Cámara de Comercio, Fenalco, la Asociación de Consumidores, los representantes de la Alcaldía, el Concejo de la ciudad y otras instituciones como la Academia y la Defensoría del Pueblo, entre otros. Todos a una expresaron su preocupación por el paulatino y constante deterioro de esta calle emblemática del centro de la ciudad, ligada a sus orígenes, a la historia y memoria de sus habitantes.

Han habido tantas reuniones sobre la carrera 23 que los asistentes coincidieron en expresar la intención de pasar de las palabras a los hechos. Sin embargo, quien tenía la función principal de liderar el proceso de recuperación de la 23 – la Alcaldía – estuvo más bien a la defensiva. Planteó que estaban cumpliendo el Acuerdo 443 del 20 de agosto de 1999 y el decreto reglamentario 136 de 2002, que el proceso de formalización ha venido en aumento al pasar de 1200 solicitudes de los vendedores ambulantes en 2002 hasta completar 2400 en la actualidad, que cuentan con 36 funcionarios que ejercen control sobre el espacio público y que han hecho diferentes campañas de aseo, recuperación arquitectónica, visual y auditiva, programas educativos que promueven el patrimonio, entre otras actividades. Expresaron adicionalmente que la revisión del POT tiene contemplado incluir políticas al respecto y que el Infimanizales está revisando el Plan Parcial de la Galería entregado en el año 2007 por la Universidad Nacional de Colombia, todo ello en respuesta a las críticas sobre cómo el centro de la ciudad se ha venido convirtiendo en una plaza de mercado al aire libre por el aplazamiento injustificado de la ejecución del Plan Parcial que contempla, entre otros aspectos, ordenar las actividades de comercio y distribución de alimentos de la tradicional Galería de la ciudad.

Las opiniones de la Secretaría de Planeación fueron muy polémicas en varios sentidos: Por un lado, en el argumento sobre el carácter muy conservacionista de las acciones del pasado para recuperar el Centro Histórico, por otro, en su idea de que el Espacio Público se volvió muy rentable y finalmente, en que la 23 debe mantenerse como eje de movilidad y esparcimiento. Los asistentes reaccionaron a estas aseveraciones controvirtiendo sus puntos de vista.

Respecto al primer punto, fue el Defensor del Pueblo y la Directora Ejecutiva de la Asociación Cívica del Centro Histórico de Manizales, quienes argumentaron que si la actitud conservacionista se hubiera materializado, hoy tendríamos un verdadero Centro Histórico y no un conjunto desarticulado de bienes históricos de interés patrimonial en progresivo deterioro.

En cuanto al segundo aspecto, el representante de la Universidad Nacional puso en evidencia el tratamiento diferenciado e inequitativo que hace la administración cuando le cobra a los vendedores formalizados un arriendo para ejercer la actividad comercial en la vía pública y en cambio regala el usufructo del espacio público aéreo al futuro centro comercial Cable Plaza II, concediéndoles sin ninguna contraprestación el permiso para construir un Puente Peatonal que los una con Cable Plaza I. Otras ciudades con mayor visión sobre lo público han logrado conseguir por esta vía recursos muy cuantiosos para mejorar sus estándares de espacio público o para proveer de viviendas a familias afectadas por riesgos naturales. Igualmente subrayó la manera irresponsable y anti-ética con que la administración permite el uso y abuso del espacio público en épocas de ferias y fiestas para la venta y consumo de licores en la vía pública.

Preocupa mucho que existiendo ya un fallo del Tribunal Contencioso Administrativo de Caldas en el año 2004 (7 de octubre) que obligó al retiro del puente peatonal de acceso al Centro Comercial Parque Caldas en el centro de la ciudad protegiendo “los intereses colectivos o generales (art. 1° constitucional), como serían, se insiste, el derecho a un espacio público (art. 82 C.N) libre de obstáculos que impidan su goce y utilización; y el derecho a un ambiente sano (art. 79 C.N. y literal b) art. 4° Ley 472 de 1998) y dentro de este, el goce o disfrute visual…”, la administración municipal ignore este antecedente y le de licencia a titulo gratuito a un nuevo proyecto comercial repitiendo los mismos errores cometidos por sus antecesores.

Y finalmente, varios de los asistentes cuestionaron la idea de continuar permitiendo la circulación de vehículos por la 23 para avanzar definitivamente hacia la peatonalización de la calle como lo han hecho muchas ciudades del mundo. Buenos Aires peatonalizó parcialmente la calle La Florida en 1910 y definitivamente en 1975 a solicitud de los comerciantes; hoy es una calle turística y comercial de gran dinamismo. La histórica calle Jirón de la Unión de Lima, fue peatonalizada en los años 70 y en los 90 fue intervenida nuevamente a la par con las tareas de reordenamiento del centro histórico emprendidas por la Alcaldía. En Ciudad de México la calle (Francisco) Madero que conduce a la plaza El Zócalo fue peatonalizada en año más reciente; fue en 2009 cuando se formuló el plan de rescate del Centro Histórico y hoy constituye un lugar de gran demanda por parte de las actividades comerciales, articulada a un sistema de recorridos turísticos del centro de la ciudad. En fin, la lista sería larga, pero lo que es común es la decisión de las administraciones municipales de planear este tipo de proyectos dentro de la oferta de un sistema de espacios públicos de carácter céntrico que contribuyen a hacer más atractivo el centro de sus ciudades.

La Procuraduría Regional de Caldas hizo acopio de todas estas ideas y planteó cuatro (4) tareas para los próximos meses:

1. Que la Administración Municipal aclare cuál es la política pública para la recuperación de la carrera 23.

2. Que la Procuraduría reciba informes de avance de la reformulación del POT en lo atinente al Espacio Público y la carrera 23 para conocimiento de los
interesados.

3. Continuar las tareas de la mesa para hacerle seguimiento a la carrera 23 involucrando más actores.

4. Reunirse el próximo 22 de Marzo a las 9am para evaluar avances.

II Parte

GONZALO DUQUE-ESCOBAR ET ALL

Centro Histórico de Manizales: lineamientos conceptuales de cara al POT (SMP)

 

Presentación

El presente documento es un ejercicio colectivo desarrollado por los citados Socios de la SMP de Manizales, en el que se consignan algunos elementos de interés y referencias en torno a la temática asociada a la recuperación del centro histórico de Manizales, proyecto convocado por la Fundación Centro Histórico de Manizales, y escrito con el propósito de ofrecer elementos de juicio y algunas luces de importancia para el contexto del proceso, y en particular para la Mesa de Trabajo del POT, del mismo. No se incluye aquí el soporte normativo, asunto que le compete a la Secretaría de Planeación de Manizales, tema que fuera expuesto por la Arq. María Luz Velásquez como miembro de la Mesa de trabajo del POT, y a la cual asistimos los de esta comisión de la SMP.

Introito

La Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales SMP, como ONG cívica creada en 1912 para velar por los intereses comunes y el desarrollo sostenible de la ciudad de Manizales y vecina del centro histórico de la ciudad, destaca la importancia del propósito de este trabajo participativo que ha surgido desde la iniciativa de la Sociedad Civil, y reclama para el mismo la necesaria voluntad política para emprender una tarea fundamental, donde la problemática debe empezar por reconocer la falta de autoridad de los entes responsables de la planeación, el uso y el manejo del espacio urbano más significativo de Manizales.

Al mismo tiempo, la SMP desea resaltar que la problemática del centro histórico, un espacio urbano donde se reflejan los principales problemas socio-ambientales de los países latinoamericanos, de la sociedad contemporánea y en especial de Colombia, no sólo responde a viejos problemas del orden administrativo y político de la ciudad donde la falta de autoridad y el clientelismo hacen parte del diagnóstico, sino también a la falta de empoderamiento del centro histórico por parte de sus usuarios que somos todos los manizaleños de nacimiento o por adopción, y al precario compromiso de los actores sociales estratégicos de la ciudad.

Desarrollo temático

1- Las dinámicas urbanas

Los de hoy, no son los tiempos del intervencionismo y proteccionismo del período keynesiano que resuelve la recesión de 1929 apalancando la demanda, gracias al cual el desarrollo de Colombia soportado en una economía industrial anclada al modelo de sustitución de importaciones, encuentra opciones para localizarse en sus regiones mediterráneas, caso altiplano cundiboyacense y montañas antioqueñas. Tras la estanflación de los años setenta y la expansión de la informática, se terceriza la economía y surge un nuevo modelo económico a nivel global, que reclama la globalización de los mercados y la consecuente reforma de los Estados.

Dicho modelo económico de enfoque neoliberal y en favor de la oferta, propuesto desde la Escuela de Chicago, conduce a cambios estructurales como la reprimarización de la economía colombiana, la reconversión de nuestro modelo industrial y la reubicación de las oportunidades para los nuevos escenarios del desarrollo económico, en las costas: de ahí que, a partir de la nueva Constitución Política de 1991, mientras que en Manizales o en Pereira se cierran cerca de 20 industrias y empresas importantes en Barranquilla surgen más de 240.

Lo anterior resulta determinante, no sólo por las implicaciones en materia de empleo fáciles de advertir, sino y sobre todo por los cambios políticos que subyacen en la reforma del Estado, toda vez que el verdadero sentido de construir ciudad, no es más que el de convocar al ciudadano a la construcción social de su territorio y por lo tanto a tomar decisiones fundamentales sobre lo común y lo público.

En ese orden de ideas, la gestión urbana no solo debe ser el resultado de una gestión pública por sí misma, sino también el fruto de una gestión integral, descentralizada e incluyente, al interior de las ciudades y entre ellas, y participativa en cuanto exprese el interés del universo heterogéneo de los actores sociales, incluidos los pobres urbanos, razón por la cual este ejercicio de recuperación del centro histórico de Manizales, además de legitimar la participación de la sociedad civil organizada, la conmina a considerar objetivos no solo económicos y ambientales, sino también a encontrar soluciones sociales en temas fundamentales como las formas mínimas de convivencia y los derechos humanos.

Ahora, al examinar los nuevos enfoques del urbanismo del siglo XXI presentes en las directrices de la nueva Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial LOOT, en la que se supera el tradicional enfoque “municipalista” e invita al planificador a fortalecer la dimensión territorial del ordenamiento a partir de la asociación de los municipios obligados a velar por la integridad de los ecosistemas y el fortalecimiento de la identidad cultural, habrá que partir del presupuesto de una ciudad en la que los procesos urbanos no se pueden reducir a la esfera de la “ciudad amurallada” del medioevo, y tampoco a la “de la urbe autosuficiente” limitada por un medio rural, cuando además de los procesos de rururbanización que se han consolidado en el Eje Cafetero, la supervivencia de las ciudades intermedias que hoy palidecen como consecuencia de su condición mediterránea y la competencia metropolitana, depende ahora de una conurbación cuya viabilidad política obliga al pluralismo, a la concertación y a la construcción de sinergias regionales.

2- Conflictos y retos urbanos

Nuestras ciudades son el escenario de los grandes conflictos socio-ambientales latinoamericanos y de las profundas desigualdades económicas que aquejan a la población colombiana.

En Colombia donde el conflicto armado expresa al unísono la inminente urgencia de una reforma agraria y la presencia de actores que desde el poder impiden su desarrollo, también se debe aceptar la imperiosa necesidad de una reforma urbana para resolver los problemas asociados a las crecientes desigualdades.

Al igual que el proceso de la Paz no es un asunto coyuntural que puede resolverse por la vía de las armas y la represión del Estado, dicha reforma urbana obliga a decisiones integrales que deben ir más allá de la aplicación efectiva de los instrumentos normativos y administrativos del suelo urbano y periurbano, el control de la especulación del suelo, la dotación de servicios públicos eficientes y la seguridad ciudadana, para llegar a objetivos más amplios así resulten de algún modo utópicos, como lo son la inequidad, la pobreza e informalidad, la participación y los derechos de los ciudadanos, el modelo socioambiental urbano, la propiedad y función social del suelo, y el desarrollo el territorio entendido como un sujeto y como una transformación social e histórica.

El actual modelo urbano de Manizales, donde la infraestructura se sigue concentrando en torno a los suelos propiedad de las clases más favorecidas que son una minoría, y donde los procesos de urbanización no sólo presionan el frágil medio ecosistémico sino que facilitan una escisión entre costos y beneficios resultado de explotar el suelo a favor de los urbanizadores, no solo acentúa la inequidad sino que también se constituye en un freno para el desarrollo de la ciudad y para el bienestar de los manizaleños.

Al respecto, es importante saber que siendo difícil enfrentar la inequidad, en cuanto a la reducción de la pobreza urbana, meta más simple de alcanzar, existen instrumentos puestos a prueba desde décadas atrás cuando se enfrentaron los graves impactos de la sociedad industrial de ayer. Las acciones a emprender en el centro histórico, antes que arrinconar a los pobres informales restándoles oportunidades y conduciéndolos a la violencia, deben partir del aprovechamiento y fomento de su enorme potencial empresarial y creativo. Por supuesto que todo esto debe abordarse hoy en el marco de una nueva sociedad: la del conocimiento, donde el modelo económico ha desmantelado las bases del Estado solidario y la
estructura del empleo ha cambiado.

Pero una mirada aproximada a los problemas de Manizales y a las políticas públicas que se deben abordar de cara a la sostenibilidad de la ciudad y con ella a la recuperación de su centro histórico, debe pasar por temáticas ambientales como la de evitar la proliferación de los guetos duales (de los ricos y de los pobres), y mitigar la vulnerabilidad a los desastres propios del trópico andino; cruzar por asuntos sociales como la fragmentación social y la drogadicción; transitar por la cuestión económica donde informalidad y desempleo son retos evidentes, y por considerar la dimensión político-institucional, afectada por la pérdida de la moral pública y la crisis de autoridad y liderazgo. Todo esto de conformidad con la teoría del desarrollo sostenible.

Ahora, dado que el problema a enfrentar es el deterioro del centro histórico y como tal el de una fracción de la zona comercial de una ciudad intermedia en proceso de conurbarse para formar el área metropolitana de Manizales y la ciudad región del Eje Cafetero, los retos a enfrentar desde el POT además de los puntos ya relacionados, tienen que enfocarse en función de un ordenamiento urbano descentralizado que traspase fronteras y contemple acuerdos con pequeños poblados y ciudades. La agenda de los entes territoriales involucrados deberá contener temas estructurales y de largo plazo para decidir conjuntamente y con coherencia en materia de organización del territorio, suministro de servicios públicos y movilidad, sin caer en el error de concentrar el desarrollo urbano y dejar a la deriva cuestiones fundamentales como la complementariedad económica y asignación de competencias acordes con las ventajas comparativas del territorio compartido.

3 – El escenario y sus actores

Así como la tienda y el taller industrial intensivo en mano de obra, en su orden han cedido espacio a las grandes superficies de mercado y a las modernas factorías automatizadas, el centro histórico ha mutado: conforme los almacenes de marca y tradicionales centros mayoristas de antaño se trasladan a los cómodos centros comerciales y modernas meta-superficies especializadas de la periferia citadina, las ventas de baratijas, los mercados populares y las ventas callejeras estacionarias y ambulantes, se toman dicho escenario al que concurren ríos humanos en los que se mezclan, además de pobres y miserables que cosechan residuos de cada elemento de la textura urbana, legiones de desempleados y oferentes de servicios, empleados y usuarios de oficinas públicas, restaurantes, bares, cafeterías, pequeños negocios y centros bancarios o culturales, además de viajeros y turistas, y de consumidores de segundas y de artículos de consumo masivo, entre otros: el dónde, quién, cuándo y qué de los flujos humanos, no es más que la radiografía social de la ciudad.

Mientras las complejas funciones del espacio público, mínimas en los barrios de estrato alto bien dotados y fundamentales en los populares menos equipados para soportar el carácter solidario de la vida comunitaria, son la base de las demandas del centro histórico como referente del paisaje urbano y humano, las demandas y protestas de unos y la expresión de las aspiraciones y sueños de otros, son procesos que sólo encuentran máxima identidad y fuerza en el centro histórico siempre monumentalizado pero mal equipado para absorber la enorme y creciente carga de usuarios, lugar donde los excluidos, los pobres, los marginados y los inconformes, pueden crear las condiciones para ejercer el derecho individual y colectivo a la vida ciudadana, gracias a su equipamiento generoso en espacios poli-funcionales y simbólicos, y a las primeras vías urbanas que nacieron para el peatón, y no para el automóvil que en forma creciente las ha usurpado sin importar la gente.

Si las políticas públicas se restringen al control social, al ornato y equipamiento y a medidas estereotipadas, olvidando la promoción social, ambiental y económica, y sin concertar los objetivos mínimos para satisfacer las demandas de funcionalidad y dinámica urbana del centro de la ciudad como espacio fundamental para el comercio y para los rituales públicos, Manizales terminará cediéndole espacio a un efecto de “fractal nocivo” capaz de trasladar conflictos y contradicciones no resueltos del centro histórico como atractor urbano, a espacios donde se dan otras funciones de la ciudad: en el sector de El Cable como epicentro de la zona de servicios de Manizales, ya empiezan a observarse vectores de deterioro.

Cerrarle el paso al automóvil, priorizar el transporte público masivo y peatonalizar la 23 y la 19 con el fin de dignificar el trabajo humano, mediante un proceso participativo de autogestión del centro histórico acompañado desde el Estado, antes que ser opciones utópicas son fórmulas necesarias de la esencia de la recuperación del lugar, dinamizando para el efecto las actividades comerciales que le son propias en cuanto se obliga a acciones concertadas para ordenar las actividades ilegales que se han apropiado el espacio público, dotarlo de elementos sanitarios y de estancias que lo transformen en un “ paseo” estético, funcional, higiénico y atractivo, siempre y cuando se gestionen los mecanismos para equiparlo y enriquecerlo generosamente de actividades culturales.

Para la SMP, cualquier decisión que se tome en pro de un bien tan preciado como lo es el centro histórico de nuestra ciudad, debe fundamentarse en la nueva Constitución Política de Colombia donde se define el Estado social de derecho, concepto que realza la dimensión social de nuestra Carta.

Así el modelo neoliberal no contribuya a este objetivo al privilegiar al mercado sobre la sociedad y supeditar las políticas solidarias a los objetivos de la competitividad, la apropiación social del territorio obliga a una acción pedagógica popular, en la que se incorporen al imaginario de los actores los fundamentos de la Carta del 91, para fortalecer el carácter democrático y progresista de un proceso que debe blindarse de fuerzas reaccionarias, sectores retardatarios e intereses particulares.

Epílogo

No cabe ninguna duda de que el centro histórico es la mejor expresión del carácter manizaleño, pues se trata de la materialización de una herencia que nos han dejado los mayores, fruto de las más notables empresas cívicas de ayer: la de consolidar en 1903 una caficultura minifundista, donde la organización y el trabajo del campesino propietario de su tierra fue la base para la industrialización del país, o la de concebir en 1927 una catedral en concreto reforzado de 106 m de altura para un poblado de bahareque con 36 manzanas incendiadas, obra que se ejecuta entre 1928 y 1939 tras convocar a sus 50 mil habitantes.

Ahora, frente al reto no podemos ser inferiores; nuestra historia de vida ciudadana nos reclama para una acción noble, como lo es la defensa de nuestra ciudad, tarea que debe empezar por el rescate de su atractor urbano más fundamental: el centro histórico. Esto, porque las soluciones que se implementen en él, tendrán la capacidad de reproducirse en todo el continuo urbano de Manizales.

III Parte

PEDRO FELIPE HOYOS KÖRBEL

El Centro Histórico y el POT por venir

Si se concibe a la ciudad como un cuerpo y se analiza anatómicamente, llegaríamos a la conclusión de que se compone de muchos órganos dependientes los unos de los otros, sin reparar en su tamaño, y los más pequeños cumplen funciones vitales para los órganos más grandes y viceversa. Las ciudades tienen corazones, pulmones, glándulas, sangre y muchas partes que hacen perfecta la analogía, especialmente por el hecho de que son seres vivos en constante transformación.

Para muchos manizaleños esta comparación es de poca relevancia debido que les es ajeno formarse conceptos y criterios propios, ellos pretenden solo su bienestar y reflexionar sobre su entorno les es dispendioso. De esta manera suceden cosas que estas personas egocéntricas y egoístas posteriormente, muy acaloradas, critican.

Son pocos los manizaleños que entienden de la importancia de la zona industrial, que saben cuáles son las ventajas de tener unas zonas residenciales definidas, y los que pueden articular de una forma integral el peso del centro histórico. Poco saben los manizaleños de la interrelación de las diferentes partes de la anatomía de la ciudad, inclusive aquellos que ganan el sustento estableciendo normas que armonicen y regulen esas partes.

Este año se define de nuevo el POT, significativa norma que será el plan maestro de la organización territorial que orientará lo que se pude hacer en y por la ciudad, durante los próximos 12 años.

La lectura del Plan vigente induce a creer que Manizales es una especie de máquina o ecuación, carente de vida, ya que sus redactores no son capaces de entender la ciudad como algo vivo, y especialmente que la habitan los seres más complejos como son los humanos. En vez de crear una guía, se ha concebido una camisa de fuerza. Daré unos ejemplos que permiten visualizar mi observación: La definición que da el POT de habitantes es singularmente pobre; creo que se legisla para el hombre y no a la inversa. Si los habitantes de la ciudad son el objetivo de esta norma ¿por qué no se formula en ese sentido? Lograr esa definición es un acto más filosófico que jurídico, ahí el cuello de botella del POT. Es hora de reconocer que para legislar se requiere una mirada trasversal y multidisciplinaria. Igualmente hace el POT una omisión curiosa acerca del suelo, pues solo es definido en su función social y ecológica sin profundizar en el significado y trascendencia de lo social.

El POT ignora al centro histórico a pesar de dedicarle un capítulo, tanto que ante el Ministerio de la Cultura el centro histórico de Manizales no tiene estatus ni reconocimiento como tal. En él se habla en una parte de “respetar” el centro histórico y parágrafos más abajo se deciden a “revitalizar” el centro, concepciones que no dan las pautas para poner en un funcionamiento las potencialidades y responsabilidades del centro histórico con el resto de la ciudad. Su delimitación espacial es también sesgada, porque se basa solo en el tipo de arquitectura y no en las personas que lo habitan y sus dinámicas sociales. Crea unas zonas de influencia, pero olvida crear una zona de amortiguación. El POT actual cuando trata de proteger las construcciones antiguas se remite a la normatividad nacional, sin crear una definición propia que armonice su enunciado y su “espíritu” como lo diría un famoso francés. Declara de importancia a unas cuantas construcciones y monumentos, no más de diez, y en esa lista aparecen tres locomotoras. Manda crear el POT una junta para velar sobre el centro histórico, logrando una irrisoria incidencia. Una junta, que además de estar mal integrada, no tiene funciones que realmente vislumbren el futuro de esta parte de la cuidad. No pasó el POT de crear un invitado de piedra cuando diseñó a medias y sin conocimiento de causa aquella junta, cuyas obras los manizaleños no hemos visto.

El nuevo POT debe tener en cuenta que esta parte de la ciudad tiene un gran significado, que en ella vive gente, o sea que es residencial, que alberga una parte de la burocracia del Estado en sus tres niveles, que le da espacio a un comercio tradicional, que es una fuerza que jalona notoriamente el turismo y que gran parte de los problemas de espacio público se centran aquí. La más destacada característica la quiero poner aparte: reúne el centro histórico la parte más original de la ciudad expresada en un bello conjunto arquitectónico que data de tiempos irrepetibles. Datan esas construcciones de una época donde lo estético era esencial a la arquitectura, y a la vez proviene del gran apogeo que tuvo la ciudad en todos sus ámbitos. Es el centro histórico uno de los portentos de la ciudad.

El POT y la historia de Manizales

En nuestro medio, lo viejo, lo pasado, no obtiene mayor atención. Abrumados por necesidades básicas o por la saturante trivialidad de los medios masivos de comunicación no tenemos sentido, tiempo o sensibilidad para lo histórico.

Aceptamos de antemano, para no ser incluidos en molestas discusiones, que la historia es importante, que existe, pero buscamos cómo zafarnos de ella, nos negamos a apropiarnos de ella. Recordamos el adagio popular que recalca que aquel que desconoce la historia está muy propenso a repetirla, y esto en sus aspectos fatales, pero nuestro dominante hipotálamo nos conduce a asumir otra actitud ante las cosas y la vida.

A mediados del segundo semestre de este año se legitimará el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial -POT- que regirá en la ciudad por 12 años, instrumento que puede ser una guía ágil y práctica, o un mapa lleno de errores e imprecisiones que obligatoriamente retrasarán la marcha del municipio por el buen camino.

En una mesa de trabajo creada por iniciativa de la Asociación Cívica Centro Histórico de Manizales se están formulando unas decantadas observaciones referentes al POT y el centro histórico, ya que esta mesa ve falencias en la actual formulación del plan maestro.

La gran pregunta de la cual es perentorio partir, cuando se busca crear normas, es qué significa, cuál es el objeto sobre el que se va legislar, en este caso el centro histórico. El segundo punto sobre el cual se debe reflexionar es a dónde se quiere llegar con esa norma, se debe estar seguro de lo que se quiere lograr. De las respuestas dadas se desprende la metodología del asunto, no a la inversa.

Quiero en esta oportunidad referirme sobre lo histórico de ese centro, que bien podría ser un centro urbano solamente, tratando de captar qué es, y detectar la esencia del centro histórico de nuestra ciudad.

La historia, como actitud humana, dejando de lado lo científico y lo nostálgico, es un interés por lo pasado, sabiendo que el tiempo forja una cadena y cada época forma un eslabón de ese conjunto. Esta actitud sabe de la fuerza de la vida humana en el pasado y su natural prolongación hacia el futuro, esta actitud está al tanto de una perfecta dependencia entre pasado, presente y futuro. Desconocer la historia es negar el esfuerzo de los antecesores e imbuirse en la creencia de ser original, y por ende relevado del respeto por el pasado. La historia le recuerda al hombre su presente y su futuro afianzando la humildad y la certeza de lo grande. Por condición humana somos abuelos, padres e hijos y de esta forma veneramos a los que nos dieron la vida, y ese agradecimiento se lo pagamos a nuestros descendientes. Un hombre que planifique su vida desde lo histórico logrará sobrellevar la mayoría de las crisis y ataques de los tiempos, porque vislumbra el futuro y toma el presente como campo de acción de sus fuerzas. No cabe duda que la historia se puede asumir como un valor moral.

El centro histórico de Manizales habla de cómo era la ciudad hace más de ocho décadas. En la apariencia material de cada edificio están sintetizados un anhelo y una necesidad de los antiguos habitantes de la ciudad. En ese conglomerado de manzanas está expresado el concepto de orden que tenía esa sociedad. Son testigos, esas casas de aspecto venerable, de las luchas, victorias y derrotas de la gran familia manizaleña. El centro histórico es un libro que nos habla de las ideas y visiones de nuestros antecesores, que igual que nosotros, estaban esforzados en manejar su presente y delinear su futuro. Ese pasado es original y único. Tener ese libro en buen estado y consultarlo con frecuencia se logra preservando el centro. Vivir en ciudad es un acto de civilidad; normas y reglas nos hace más fácil garantizar a todos sus habitantes los beneficios de la civilización. El centro histórico es el núcleo, la parte fundacional de nuestra civilidad y solo un enemigo de Manizales querrá ver esa parte de la ciudad destruida.

Urge hacer entender a los manizaleños que el centro histórico es un portento. Así como nos enorgullecemos y festejamos la Batalla de Boyacá que nos catapultó a la independencia después de vencer a la decrépita monarquía española, debemos entender nuestra historia como un sobresaliente logro, cúmulo de muchos esfuerzos. Por supuesto este libro de familia también habla de hijos e hijas descarriadas, en este libro no existe exclusión, todo está escrito, faltan solamente lectores que contagien el uso del mismo. La historia adquiere vida y nos habla cuando esa herencia es respetada, una vez demolido el patrimonio, esa voz prudente la perdemos para siempre. Un POT que no conjugue estas ideas dejará de ser una buena ley para convertirse en un tecnicismo jurídico a la espera de su violación.

El POT y la gente

Si el POT partiese de la premisa de buscar la felicidad del ser humano, le haría justicia a los habitantes del Centro Histórico planteando la supervivencia de ese importante patrimonio cultural ligado al bienestar de sus habitantes. Al parecer Manizales no ha entendido que el Centro Histórico no es un museo, es mucho más que eso.

Es sencillo, el centro, como ningún otro espacio de la ciudad, atrae gente y detrás de esa gente se mueve el comercio, el formal y el informal. Son miles las personas que compran o hacen diligencias ya sea en un banco o una oficina administrativa de índole pública o privada. Esto es válido aquí como en cualquier Centro del mundo. Pero también existe otro tipo de habitantes en el Centro, las personas que residen, que tienen allí su vivienda. La tendencia es que de las grandes casonas se sacan fácilmente por medio de divisiones muchos apartamentos que se pueden alquilar a gente con un reducido presupuesto para vivienda, aquellos que deben aceptar, debido a sus pocos recursos, que el entorno esté en franca decadencia. La lista de los tipos de habitantes no termina aquí: existe el dueño de la casa antigua, el cual vive en los barrios residenciales modernos. A este habitante, en sí ausente, pero dueño del inmueble, se le debe igualmente tener en cuenta cuando se traten de plantear políticas referentes al Centro Histórico.

He observado dos tipos más: el dueño de algún negocio en el Centro Histórico, igualmente que el dueño del inmueble, forma parte de las necesidades que se deben respetar para dar con soluciones duraderas. Creo que el último sería el turista, otro usuario importantísimo para completar la lista de los habitantes del Centro.

Otras capitales con centros históricos valiosos han logrado buenos éxitos partiendo de la definición que han hecho de los diferentes habitantes de esos espacios. ¿Cuáles de ellos son más beneficiosos para mantener en pie ese legado cultural? ¿Cómo armonizar las necesidades de estos cinco vitales usuarios del Centro? ¿Cuáles cifras se quieren, a través de políticas, hacer crecer o desaparecer? Pero primero se debe tener una cuantificación de los habitantes para definir a ciencia cierta cómo están compuestos los diferentes grupos.

Ningún otro territorio de la ciudad tiene como característica esa compleja confluencia de habitantes, planteando como lógica consecuencia la creación de un ámbito administrativo especial coadministrado por el alcalde y una junta cívica, integrada por los protagonistas del Centro, en la cual los secretarios de despacho solo cumplan un rol consultivo. La vez pasada el Centro Histórico lo definieron y delimitaron arquitectos basándose en las construcciones y sus estilos, tamaño desacierto. Al Centro Histórico de Manizales se le debe dejar el área señalada por los arquitectos, pero diseñarle una zona de amortiguamiento y una zona de influencia logrando un espacio bastante más coherente. El Nuevo Centro Histórico debería partir de la esquina de la calle 14 con carrera 23 seguir hasta la carrera 25 y seguir la carrera hasta desembocar en la Avenida Paralela. Retornar por el carril de la Avenida Paralela en dirección al Centro, y antes del túnel incluir la edificación de la Juan XXIII. Una vez sobre la Avenida Santander avanzar hasta la calle 33 y seguir esta calle hasta dar con la carrera 21. Por la 21 en sentido del flujo de carros hasta la Avenida del Centro. Siguiendo la Avenida del Centro hasta la calle 27 y hacer escuadra al norte y por esa calle avanzar hasta la carrera 16, para doblar hacia oriente por la carrera hasta la calle 24 y seguir esta calle hasta que desemboque a la Avenida del Centro, que corresponde a la carrera 18, y de esta en línea recta hasta llegar a la Avenida 12 de Octubre y de ahí seguir su curso bordeando el Palacio de Bellas Artes para llegar al punto de partida.

A la comunidad del Centro Histórico, base de la solución, se le debe dar una mayor participación en la toma de decisiones para crear unas políticas que potencialicen al centro de la ciudad. Han hecho crisis los esquemas diseñados en el pasado, la Junta de Patrimonio y todas esas instituciones no lograron hacer efectivo el mandato que se les otorgó. Es hora de plantear soluciones en grande para administrar con efectividad ese importante legado que posee Colombia en Manizales.

P.D.: Me comentó el concejal Hernán Alberto Bedoya que la Administración pretende que el Centro Cultural y de Convenciones Teatro “Los Fundadores” lo maneje el Instituto de Cultura y Turismo. No me explico qué pretende el alcalde al desbaratar un proceso que se viene fortaleciendo en esa institución. “El Fundadores” es la sala que comunica a los manizaleños con los espectáculos nacionales e internacionales ¡Cómo harán los empresarios del espectáculo con una sala regida por leyes de garantía! ¿Para qué tanta improvisación?

Créditos:

Imagen: Manizales Carrera 23-Calle 22, años 40. C de H de Manizales.

* Aporte del programa “Hechos de paz” que adelanta la SMP de Manizales.

Autores:

Luis Fernando Acebedo, Arquitecto: http://caleidoscopiosurbanos.blogspot.com

Gonzalo Duque-Escobar, Marina Buitrago Jiménez y José Clareth Bonilla, Miembros SMP http://galeon.com/smp-manizales

Pedro Felipe Hoyos Körbel, Historiador: http://www.lapatria.com/columnista/43

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