Innovación y gobernanza para la crisis cafetera


Por: Gonzalo Duque-Escobar  *

Es evidente que frente a la crisis económica, ambiental y social cafetera, agravada por la pérdida de valores que aqueja a nuestra sociedad, se reclama, además de procesos participativos y de un liderazgo colectivo anclado en la civilidad como valor supremo de la cultura urbana, una propuesta política soportada en dos ejes: un nuevo modelo educativo para la época del saber, y un modelo rural y periurbano sustentable más acorde con nuestra economía agraria de minifundios deforestados y empobrecidos y de urbes cafeteras tercerizadas donde se concentra el PIB, para ocupar dignamente la fuerza laboral de una población con precarias competencias laborales.

Tras décadas de violencia, narcotráfico y corrupción como fenómenos colombianos que gravitan exitosamente en el Viejo Caldas y región circunvecina, podría reflexionarse sobre sus problemáticas y conflictos más relevantes, partiendo de las consecuencias de un modelo cafetero soportado en formas de producción primaria para un sistema de mercadeo insostenible, que se expresa en el deterioro de los términos de intercambio del sector y la actual crisis de una de nuestras instituciones más fundamentales, como lo es la propia Federación Nacional de Cafeteros creada en 1927, tan ajena ahora al quehacer de sus comités e incapaz de canalizar las reclamaciones de sus asociados.

De ahí que debamos preguntarnos desde la región cafetera más tradicional de Colombia,

sobre cuál es el nivel de cultura política y a qué se le debería apostar en este territorio con raíces históricas y culturales centenarias asociadas a los procesos de colonización antioqueña: a esperar un caudillo carismático de origen cafetero con “conciencia de clase”, claridad política y voluntad suficientes para asumir como causa suya la de esta comunidad laboriosa, además de propender por una caficultura amigable con el ambiente y de valor agregado que exprese nuestra identidad cultural; o contrariamente al líder convencional no cafetero, con refinados instrumentos y medios que siempre le han  permitido seducir al gremio, gracias al concurso cómplice de hipócritas aduladores que le facilitan traficar con la conciencia de los asociados, para satisfacer intereses de terceros sin importar la dimensión ambiental y menos la dignidad de nuestros campesinos y su patrimonio cultural y económico.

Los enfoques de “desarrollo y crecimiento”, donde inicialmente la apuesta era el asistencialismo cuando sólo interesaba el ingreso percápita que enmascaraba los desequilibrios o a la redistribución del ingreso entre las regiones cafeteras prósperas y vecinas marginales aplicadas a economías de subsistencia, debe ser ahora una política sectorial orientada a cerrar la brecha de productividad de unos y otros con el concurso del Estado y de la Federación para prevenir los desequilibrios del mercado e implementar estrategias como la expansión de las capacidades humanas para acceder a la innovación en los municipios cafeteros. Para estos retos además de metas y procesos y formas de reconvertir el sector para transformar los recursos por los propios cultivadores mirando productos, sectores y mercados en el escenario de la nueva sociedad, se obliga a implementar además de otro modelo educativo, un nuevo ordenamiento territorial y organizacional dotado de tecnología, para que los productores encuentren oportunidades accediendo al tema de la innovación donde encaja el Paisaje Cultural Cafetero PCC.

A manera de ilustración, veamos algunos de los principales desafíos de nuestra ecorregión en el marco de un desarrollo sustentable: en lo social, el surgimiento de una crisis organizacional que exige liberar el establecimiento para ajustarlo y ofrecer alternativas de verdadero desarrollo para los productores rurales, como estrategia necesaria para la construcción de un territorio de paz. En lo ambiental, atender la degradación y deforestación de las cuencas cafeteras a partir de una gestión sostenible de fuentes hídricas, recuperación del sombrío y ecosistemas estratégicos, como también de una infraestructura para la competitividad soportada en equipamiento tecnológico y acciones para mitigar la amenaza del calentamiento global y las dinámicas periurbanas, en el marco del PCC. Y en lo económico, aplicar reformas estructurales para corregir las disfunciones de un aparato productivo, reconvirtiendo el clúster cafetero a partir de estrategias de innovación en la cadena productiva diversificada, y de políticas de fortalecimiento democrático que ubiquen a los productores rurales en el centro del desarrollo.

Para finalizar antes que sembrar en el imaginario de los agremiados la esperanza del surgimiento de un caudillo que represente sus ideales y actúe en un complejo contexto internacional donde las fuerzas de la globalización imponen condiciones, la fórmula para enfrentar la compleja crisis cafetalera sin depender de un hecho tan fortuito y escaso como ese, debería ser consolidar el liderazgo colectivo ejercido por los productores en una apuesta política que opte por la gobernanza y la reconversión sectorial, e incluso el control político y celosa vigilancia del patrimonio del gremio, si es que este no se ha dilapidado en aventuras empresariales impropias a la actividad.

* Profesor Universidad Nacional de Colombia  http://galeon.com/cts-economia [Ref: La Patria, Manizales, 2013-03-18]

Imagen: Paro Cafetero; El Universal Febrero 25 de 2013.

 

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