Agua como bien público

 
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Gonzalo Duque-Escobar*
Manizales, Junio 9 de 2017.
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A la Universidad Nacional de Colombia en sus 150 años.
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Presentación

Imagen: Barranquillo, barranquero o pájaro péndulo (Momotus momota). Ave emblema de Manizales. Obra del Pintor Pablo Chávez Chávez.

Ponencia para el Conversatorio “Agua como bien público”, del Junio 9 de 2017 en el Teatro Fundadores, con Gustavo Wilches Chaux, evento programado por la Fundación “Unidos por el cambio”, en el marco de la Semana Ambiental de Corpocaldas, Aguas Manizales y la Alcaldía de Manizales. Documento ajustado en Mayo de 2018.

Además de aludir a la importancia del agua, se da una visión de ella en Colombia, señalando la oferta hídrica superficial y subterránea, y se alude a la problemática de las áreas de protección ambiental del país, se examinan la condición ambiental en el territorio de la Ecorregión Cafetera, se extraen algunas lecciones relacionadas con asuntos de interés nacional, y se llama la atención sobre la amenaza para La Reserva Forestal Protectora de Río Blanco, donde debe prevenirse un ecocidio de darle vida jurídica a decisiones del POT que, en beneficio del mercado inmobiliario y en contra del interés común, se desnaturalizan la función ecológica de la propiedad, violando los principios rectores de la Ley 388 de 1997 (Artículo 2).

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Somos el planeta en que vivimos
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  El agua que apenas representa un 0,02% de la masa total del planeta Tierra, cubre el 71% de la superficie de la Tierra, donde el área restante (29 %) es masa continental, es quien no sólo determina en gran medida la vida en nuestro planeta, sino que es el elemento indispensable para el ser humano. Además, el agua que es la fuente de toda la vida en la Tierra, también constituye al menos dos terceras partes de nuestro cuerpo.

Mientras el 97% de dicho patrimonio, es el agua salada de los mares y océanos, el 3% restante lo constituye el agua dulce contenida en ríos, lagos, lagunas, aguas subterráneas, hielos y glaciares. Ella existe en forma sólida (hielo), líquida y gaseosa (vapor de agua); y aunque se observa en océanos, ríos, nubes, lluvia y otras formas de precipitación, también aparece infiltrada en el subsuelo.

Dado que el 69 % del agua dulce se encuentra contenida en los glaciares del planeta, si se descongelara elevaría el nivel del mar, cubriendo la mayor proporción de las zonas insulares y gran parte de las áreas continentales deprimidas no montañosas, como las llanuras bajas de la Amazonía y Orinoquía, además de los valles del Bajo Cauca y Bajo Magdalena, y las regiones costeras de Colombia.

Mayor información, en: Manual de geología… U.N. de Colombia (2017).

 

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El agua: un patrimonio en crisis
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 Imagen: Sequía en La Guajira semana.com

La Tierra, con sus diversas y abundantes formas de vida, enfrenta una grave crisis de agua que afecta a 6.000 millones de seres humanos.

Dicha problemática ambiental se asocia, no sólo al mal uso del agua, a la falta de ordenamiento del patrimonio hídrico y a la contaminación por vertimientos, sino también a la deforestación y al cambio climático como factores de desastres hidrogeológicos.

Las consecuencias de dicha crisis se expresan en la tragedia que viven comunidades pobres, asoladas por enfermedades vinculadas con el agua, ubicadas en entornos degradados, y en ocasiones habitando zonas de riesgo, sufriendo la pérdida de cosechas y la carestía de alimentos.

Con la incidencia de los fenómenos climáticos extremos ahora exacerbados por el calentamiento global, la posibilidad de tener desplazados es un 60% mayor que hace cuarenta años; según el Consejo Noruego para los Refugiados, a causa de los desastres naturales cada segundo una persona está siendo desplazada; en 2014 los desplazados internos del mundo sumaron 19,3 millones, de los cuales 17,5 millones de seres humanos lo fueron a causa de siniestros relacionados con el clima.

Mayor información, en: Degradación del hábitat y gestión ambiental.

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La naturaleza instrumentalizada
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   Imagen: Tala y quema de árboles, en Monografias.com

La racionalidad de esta cultura proclive al mercado, se sustenta en la funcionalidad y utilidad inmediata del conocimiento adquirido para lograr el dominio de la naturaleza, a cualquier costo.

Para lograr el progreso material de la sociedad, en nombre de la ciencia hemos procedido a la explotación de la naturaleza, definiendo como recursos el agua, el suelo de cultivo y la biodiversidad, para busca el uso productivo de dichos bienes, olvidando su naturaleza patrimonial.

Señala Ban Kin-moon, que el planeta está en peligro por el cambio climático y la explotación insostenible de recursos. En el fondo, sabemos que las fuerzas del mercado privilegian el crecimiento económico sobre los temas ambientales y sociales, lo que se revierte en efectos negativos para la ecología del planeta, y por lo tanto en pasivos ambientales que afectan a toda la sociedad, y en mayor proporción a los grupos más vulnerables.

Mayor información, en:  La encrucijada ambiental de Manizales.

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 El calentamiento global
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Imagen: Pronóstico global de incremento de la temperatura para el cambio climático , donde la Amazonía se muestra como una de las regiones más afectadas, en: apod.nasa.gov

Para ilustrar los cambios del clima que se han dado en todas las escalas de tiempo, a lo largo de la historia de la Tierra, tenemos además de las cinco grandes glaciaciones, cuyo último evento ocurrió en el Cuaternario, dos situaciones antagónicas y recientes: una, la “pequeña glaciación” asociada a un periodo frío ocurrido entre 1550 y 1850, pequeña edad del hielo acompañada de lluvias que coincidió con un período de baja actividad en las manchas solares. Y dos, el actual “calentamiento global” un efecto invernadero de celeridad excepcional ocurrido en los últimos 50 años, en el que la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera ha alcanzado un nivel sin precedentes en los últimos de 500 mil años.

Para mostrar el alcance de la actual problemática, dos escenarios. El Ártico, está en peligro por el calentamiento global. Degradar dicho ecosistema, traerá consecuencias insospechadas como elevación del nivel del mar, erosión costera y temporales. Y la Amazonía, donde el cambio climático y la deforestación comprometen este ecosistema que alberga el 30% de la biodiversidad de la Tierra, con consecuencias trágicas para los pueblos indígenas que lo habitan y para la biodiversidad.

Para alcanzar metas deseables en el 2050, la única posibilidad es combinar el uso eficiente de los recursos energéticos con las energías renovables, sin comprometer la seguridad alimentaria. En el plano energético, Colombia depende hoy de carbón y petróleo para su abastecimiento interno y para financiar el presupuesto general de la nación. El incremento promedio de la temperatura media podría afectar más al hemisferio norte, que al del sur. El calentamiento sobre los continentes es en promedio mayor que sobre los mares.

En Colombia se calentarían menos las zona de relieve montañoso como la Región Andina(2º a 3ºC), y más las planicies y praderas de las regiones planas, como la Costa norte, la Orinoquía y la Amazonía (3º a 4ºC). Para prevenir los impactos rurales relacionados con cambios altitudinales de 170 m por cada grado centígrado de incremento de temperatura, se deberán implementar en el país prácticas agroforestales y silvopastoriles intensivas.

Mayor información en: Calentamiento global en Colombia.

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El clima andino colombiano

   Imagen: Dinámica de la Zona de Confluencia Intertropical. Wikipedia.

En la Región Andina de Colombia, el clima es bimodal: cada año tenemos dos temporadas secas que parten desde los equinoccios (junio 21 y diciembre 22), y dos húmedas a partir de los solsticios (marzo 21 y septiembre 22).

El fenómeno meteorológico del ENSO-conocido como El Niño/La Niña-, se relaciona con las anomalías de temperatura del Océano Pacífico, que frenan el desplazamiento natural y regular de la Zona de Confluencia Intertropical ZCIT, una franja de bajas presiones en la zona Ecuatorial, que al oscilar cambiando de posición entre Enero y Julio, explica el clima bimodal colombiano.

Aunque el desarrollo de El Niño y La Niña es de carácter cíclico y comportamiento errático, a largo plazo y como consecuencia del calentamiento global su fuerza se ha venido incrementando, para generar eventos climáticos extremos como inundaciones o sequías en diferentes regiones del planeta.

En Colombia, los períodos de El Niño, las temporadas de invierno y verano del año son más secas para la zona andina colombiana, y más frecuentes e intensos los huracanes del Caribe. Durante La Niña, ocurre lo contrario: se dan temporadas más húmedas a lo largo del año, con menos tormentas tropicales y menos huracanes en el Caribe.

Ahora, dada la posición de la ZCIT, dichos impactos, se invierten en Ecuador y Perú, donde se habla de los estragos del “Niño costero” por el ENSO llevando las temporadas húmedas con lluvias exacerbadas por el calentamiento global.

Mayor información en: Huracanes y Terremotos acechan.

 

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La agenda de Colombia
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 Imagen: Río Dagua, en https://es.slideshare.net

En el caso de Colombia, donde agua, suelo y biota no son mirados como patrimonios a preservar, sino recursos para ser explotados, ciertas áreas sensibles desde la perspectiva ecológica y culturalmente vitales para algunas comunidades, legalmente terminan cediendo paso por la riqueza del subsuelo, en beneficio de una empresa minera foránea o ilegal, que termina por implementar un enclave minero y violar los derechos bioculturales del territorio.

Nuestra economía ayer soportada en el cultivo del café, ahora se fundamenta en minería extractiva y petróleo crudo, uno y otro: productos primarios de origen natural, escaso grado de transformación y sin valor agregado.

Para el efecto, si bien la Ley ambiental y las políticas ambientales en Colombia, se han acoplado más a los desafíos del mercado que a los retos del desarrollo sostenible, también la Corte Constitucional para proteger las culturas ancestrales y los ecosistemas, ha declarado algunos territorios -caso Atrato y Amazonas-, sujetos de derechos.

En las áreas de alto valor por su biodiversidad, aunque ya se ha avanzado en la protección enfocada al tipo de compensación a que se obliga una industria extractiva, la actividad continúa gozando de reducidos gravámenes, y por la tanto la amenaza sobre las áreas protegidas persiste a pesar de todo.

Mayor información, en: Vida y desarrollo para el territorio del Atrato.

 

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Oferta hídrica en Colombia
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 Imagen 1: Áreas hidrográficas de Colombia. ENA Colombia), en: ingenieria.bogota.unal.edu.co

 

Con precipitaciones anuales promedio de 1.800 mm y unas 720 mil cuencas hidrográficas, Colombia alcanza una oferta de 7.859 kilómetros cúbicos de agua superficial y subterránea, de los cuales el 25% son las aguas de las escorrentías anuales.

Pero a pesar de dicha abundancia, cada año deforestamos y contaminamos nuestros cuerpos de agua, lo que significa destruir una corriente de agua por año, devastar la biodiversidad, y poner en riesgo severo comunidades rivereñas por el vertimiento de las aguas servidas e industriales a nuestros ríos, además del riesgo al exacerbar la amenaza por los eventos hidrogeológicos, como deslizamientos y flujos de lodo en vías, en cultivos y en zonas pobladas.

A este panorama se añade que, como consecuencia del calentamiento global, mientras en los años secos nuestra oferta hídrica ya se ha reducido el 38%, en las épocas invernales de La Niña sufrimos las consecuencias de graves inundaciones, que dejan cerca de 2 millones de damnificados por temporada invernal.

Las cuencas hidrogeológicas más utilizadas en el país, son las ubicadas en el Valle del Cauca, Valle Medio y Superior del Magdalena, y Cordillera Oriental; siguen en importancia por su uso, las del Golfo de Urabá, Golfo de Morrosquillo y departamentos de Bolívar, Magdalena, Cesar y la Guajira.

Mayor información, en: Nuestro frágil patrimonio hídrico.

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La huella hídrica

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Imagen: Estudio Nacional del Agua. Ideam 2010.

Existen tres indicadores para la huella del agua: azul, verde y gris, cada uno para valorar diferentes usos o aspectos.

La huella azul (HHA), hace referencia a la cantidad de agua extraída de fuentes superficiales y subterráneas utilizada en los procesos productivos y que no retorna al sistema del cual fue extraída. La huella verde (HHV), corresponde al aprovechamiento del agua lluvia almacenada en el suelo, que se utiliza por coberturas naturales con fines económicos, como los cultivos. Y la huella verde (HHV), valora el volumen de agua dulce necesario para asimilar la carga contaminante de los vertimientos, requerida para que estos no afecten las condiciones de calidad de la fuente receptora.

Si bien, se pueden hacer cálculos del consumo de agua y de la capacidad de dilución de los cuerpos de agua que reciben los vertimientos, no resulta suficiente el diagnóstico a partir de la valoración de la huella hídrica de un territorio, discriminado usos por sectores (doméstico, industrial, agropecuario y minero), sin acometer la cuantificación de la oferta hídrica examinada a lo largo del tiempo, el acceso al agua considerando los períodos críticos, el consumo y los vertimientos, y la calidad de los suministros.

Mayor información en: Manizales: un diálogo con su territorio.

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Las aguas subterráneas en Colombia
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      Imagen: Mapa de rocas permeables y porosas de Colombia. IGAC (2002), en: http://www.zonu.com/

En Colombia, donde el 31% del agua dulce está contenida en acuíferos y el 29% en lagunas, hace falta una política pública para garantizar el carácter de patrimonio y de bien público del agua subterránea. Además, según el IDEAM, el 39% de la precipitación en Colombia está disponible para fines productivos como agua verde. Si lo administrativo y técnico están al día, en la gestión del patrimonio hídrico, falta la dimensión socioambiental.

Aunque en el país las cuencas hidrogeológicas con posibilidades de aprovechamiento abarcan el 74% del territorio nacional, según el estudio “Zonas hidrogeológicas homogéneas de Colombia” del IDEAM (2005), mientras el 56% de dicho patrimonio corresponde a la Orinoquía, la Amazonía y la Costa Pacífica, y el 31,5% a la región Caribe e Insular, sólo el 12,5% le corresponde a la Región Andina, que es la más densamente poblada.

En el Eje Cafetero, para enfrentar la amenaza del cambio climático y la vulnerabilidad hidrogeológica, se debe implementar una política públicas relativa a la conservación, uso y manejo del patrimonio hídrico subterráneo, que permita además planificar el agua bien público, estratégico de interés general. Esto, a partir de un programa de investigación y desarrollo integral, que contemple los tema del agua, la gestión del riesgo, el uso del suelo, la biodiversidad, la actividad forestal y el sector hidroenergético.

Mayor información, en: Nuestras aguas subterráneas.

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La problemática hídrica en Colombia
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   Imagen: coberturas boscosas en Colombia: IDEAM, en: valorandonaturaleza.org

Gracias a un ciclo hidrológico dinámico y abundante, Colombia es rico en agua: la interacción de la atmósfera en el medio intertropical, el Pacífico y el Caribe, la Amazonía y la Orinoquía, y los Andes más septentrionales de América con sus tres cordilleras en Colombia, explica por qué el agua puede convertirse en uno de los principales factores de desarrollo y bienestar social del país.

El país tiene severos problemas de calidad en la mitad del patrimonio hídrico, dado el vertimiento de 9 mil toneladas de materia orgánica contaminante por año, que llegan a los acuíferos y cuerpos de agua proveniente del sector agropecuario y residencial, a las que se suman otras sustancias como las 200 toneladas anuales de mercurio proveniente de la actividad minera.

Mientras que por superficie, la cobertura de bosques del país llega al 53.5% y la de humedales al 2,7%, cada año deforestamos cerca de 300 mil ha, 100 mil de ellas en la Región Andina de Colombia, que con el 24% de la superficie continental y el 75% de la población del país, solamente posee el 13% de la oferta de agua superficial y subterránea del patrimonio hídrico de agua dulce.

Para ilustrar la problemática de una cultura proclive a la deforestación, veamos lo que ha ocurrido con la guadua: en los últimos dos siglos la extensión de guaduales en el país se redujo ostensiblemente: se pasa de unos doce millones de hectáreas a sólo cincuenta mil, de las cuales cerca de 20 mil hectáreas están en la zona cafetera y 6 mil en Caldas.

Mayor información, en: Riesgos  para el agua en la ecorregión cafetera de Colombia.

 

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Colombia, país de humedales
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   Imagen: Rendimiento hídrico en Colombia, cuyas cuantías entre la alta Guajira (rojo) y bajo Atrato (azul), varían de 1 a 200 litros por segundo por kilómetro cuadrado. ENA Himat. http://sig.anla.gov.co

Según el Instituto Alexander von Humboldt, en 20 millones de hectáreas equivalentes a cerca del 17% de nuestra superficie continental, tenemos 31.702 humedales, de los cuales el 48% están en nuestras Orinoquia y Amazonia. Pero cerca del 93% de estos ecosistemas, al estar amenazados por acciones antrópicas y por el cambio climático, requiere figuras de conservación.

Sobresalen por su extensión varios reservorios, como marismas y manglares en la costa del Pacífico desde el sur de Tribugá hasta el río Mira, y en especial sobre el delta del Patía donde aparece Tumaco; o ciénagas y madre viejas en corrientes de meandros, como las comprendidas entre el río Meta y el piedemonte de la Cordillera Oriental; o las rondas del río Guaviare y en parte del Vichada e Inírida; además de las vaguadas del Putumayo, Caquetá y Vaupés; y el valle del Atrato aguas abajo de Vigía del Fuerte, y en parte del San Juan; o en regiones como el Magdalena Medio y Bajo y el Bajo Cauca, donde a pesar de ecocidios agroindustriales, mineros, etc., sobresalen, además de la Ciénaga Grande de Santa Marta, La Mojana, la Depresión Momposina y el área del Sinú-San Jorge.

Mientras el rendimiento hídrico en Colombia, muestra cuantías que varían de 1 a 200 litros por segundo por kilómetro cuadrado entre la alta Guajira (rojo) y bajo Atrato (azul), el rendimiento hídrico en la Región Andina, es en promedio de 26 litros por segundo y por kilómetro cuadrado.

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Páramos, fábricas de agua en peligro
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 Imagen: Los páramos en Colombia. UNIMEDIOS.

El país, cuenta con el 50% de los paramos del mundo; y aunque estos ecosistemas montanos intertropicales, sólo abarcan cerca del 2.6% de la superficie del país, “producen” el 50% del agua dulce que llega a sus pobladores.

Pero Colombia es altamente vulnerable a los efectos del cambio climático, no sólo por la migración en altitud de las zonas de vida alterando la aptitud de los suelos, y con ello la estructura de la tenencia de la tierra, sino también por cambios en el balance hídrico y régimen de precipitaciones.

Lo anterior, igualmente impactará la frágil estabilidad de comunidades vegetales nativas frente a las variaciones del clima, mediante la fragmentación de los ecosistemas, entre ellos los páramos, para los cuales por fortuna la Corte Constitucional ha venido blindado el subsuelo colombiano, de los apetitos mineros que lo acechan.

En la Ecorregión Cafetera sobresalen los páramos establecidos en ambientes fluviales, glaciares y gravitacionales que se entreveran, tanto sobre la Cordillera Central en vecindad del Complejo volcánico Ruiz-Tolima y la Mesa de Herveo a más de 5.000 msnm, como en el continuo de farallones de la Cordillera Occidental ubicado al sur de los Complejos Paramillo y Frontino-Urrao, con sus notables alturas como el Cerro Caramanta del Complejo Citará y el Tatamá del Macizo Tatamá, de interés para la ecorregión.

Para dar paso a un programa de investigaciones en el PNN de los Nevados, se deberá construir sinergias entre el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales OVSM creado en 1986; el Geoparque Volcánico del Ruiz propuesto por InfiCaldas en 2016, proyecto que deberá articular a sus planes programas relacionados con el Paisaje Cultural Cafetero PCC; el Observatorio de Alta Montaña para Colombia, que en 2009 propusiera Jorge Arias de Greiff desde el Observatorio Astronómico Nacional; un centro de investigaciones climáticas apoyado por el gremio cafetero y el HIMAT; un Centro de Investigaciones Geotérmicas apoyado por el sector energético y el Ministerio de Minas, y un programa de investigaciones interuniversitario para estudios en biodiversidad, liderado por las universidades del Eje Cafetero.

Mayor información en: Páramos vitales para la Ecorregión Cafetera.

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Las cuentas del agua en Colombia
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  Imagen: Distritos mineros y Ecorregiones en el Pacífico colombiano. OPT y WWF.

 

Mientras en grandes regiones como Australia y EE.UU. el 60% del agua utilizada proviene del subsuelo, en Colombia, donde la Ley ha tenido que legislar para proteger los páramos, además de legislar sobre el carácter patrimonial del agua subterránea, urgen políticas para resolver la inequidad en la propiedad y acceso al vital líquido, además de una acción efectiva en relación con la minería ilegal y el comercio de madera ilegal, entre otros.

En 2008 la participación del agua en el PIB nacional fue del 10% (incluido un 2% por la hidroelectricidad), además los costos económicos de la contaminación hídrica ascendieron al 3,5% del PIB; y según el Banco Mundial el costo oculto de la mala calidad del agua y de los servicios de saneamiento, podría ascender al 1% del PIB.

La Constitución Política de Colombia establece como uno de los fines principales de la actividad del Estado, la solución de las NBI, lo que incluye el acceso al servicio de agua potable. Pero el problema no es sólo la calidad, sino también el acceso a una cantidad mínima de agua potable, que en promedio debe ser entre 1,5 y 2 litros percápita por día. Según la Defensoría del Pueblo, en Colombia, de 1122 municipios, 521 consumen agua sin tratamiento alguno, el 70% de ellos con riesgo para la salud y en el 21% usan agua sanitariamente inviable.

Si entre los problemas estructurales del país, se tiene un Gini del 0,86 en la propiedad de la tierra, para el caso del agua la cuantía es del 0,92. Recuérdese que Colombia es el tercer país más inequitativo del planeta.

 Mayor información, en: Las cuentas del agua.

 

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Biodiversidad y áreas protegidas

Imagen: Imagen: Zonas de Reservas Forestales en Colombia. UPME.

Se estima que Colombia es el segundo país más biodiverso del planeta: cuenta con 56343 especies, de las cuales 6585 son animales vertebrados. En especies endémicas, poseemos 34 mamíferos, 79 aves, 115 reptiles, 311 peces, 367 anfibios, 350 mariposas, 47 palmas, 1467 orquídeas y 6383 plantas.

La Ley 2a de 1959: Sobre economía forestal de la Nación y conservación de recursos naturales renovables, estableció en su artículo primero las zonas de reserva forestal, comprendidas dentro de ciertos límites, para cada bosque nacional.

En el caso de Caldas interesan dos zonas: 1- La ZONA DE RESERVA FORESTAL CENTRAL, comprendida dentro de los siguientes límites generales: Una zona de 15 Kilómetros hacia el lado Oeste, y otra, 15 kilómetros hacia el Este del divorcio de aguas de la Cordillera Central, desde el cerro Bordoncillo al Este de Pasto, hasta el cerro de Los Prados al Norte de Sonsón. 2– La ZONA DE RESERVA FORESTAL DEL PACIFICO, que viene desde el Nariño y llega a Urabá, a partir del divorcio de aguas que sigue la cima de la Cordillera Occidental pasando por el Tatamá y el Cerro de Caramanta, por el Oeste llega hasta el Pacífico, y por el Este cubre una faja de 15 Kilómetros de la vertiente del río Cauca.

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Yuma: el río grande de la Magdalena

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Imagen: Mapa del Nuevo Reino de Granada en rexwordpuzzle.blogspot.com

Colombia es el Magdalena: si durante la conquista esta fue la ruta, y durante la colonia gran parte del país creció a lo largo de sus valles y riveras en de su recorrido, posteriormente, creada la república, el río alimentó la economía de esta vital hidrovía de 1450 km de paisajes, historias y cultura, que parte del Macizo Colombiano para desembocar en el Caribe.

Bajo el presupuesto de que un territorio es una construcción social e histórica, dado que aes la expresión de las relaciones dialécticas entre las colectividades que lo habitan y el  ecosistema, se debe enfocar la gestión socioambiental del Magdalena en el marco de sus derechos ambientales bioculturales, en el marco de la Sentencia T-622/16, de la Corte Constitucional de Colombia.

En la Ecorregión Cafetera, se ha acogido la propuesta presentada al Procurador de Tierras y Sostenibilidad para el Eje Cafetero, de buscar una declaratoria que priorice al río Magdalena como uno de los escenarios más representativos en la historia del país, declarando su territorio sujeto de derechos, para buscar su recuperación y desarrollo dándole primacía a los 30 mil pescadores que lo habitan, y a los humedales y bosques secos que lo circundan.

Mayor información, en: ¿Para dónde va el Magdalena?

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No todo lo que brilla es oro

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 Imagen: La ruta del oro: Marmato Caldas, en http://pacifista.co

A diferencia de una minería artesanal y limpia que puede coexistir con la minería industrializada subterránea, cuando se practica con responsabilidad social y sin comprometer biomas estratégicos, la mega minería y la minería ilegal, son dos flagelos que amenazan el frágil ecosistema andino en la Ecorregión Cafetera.

Si en el siglo XVI la Nueva Granada producía el 39% el oro del mundo, y hasta el siglo XX Colombia participaba con el 30%, hoy con 56 toneladas por año ocupa el puesto decimocuarto a nivel mundial y el segundo en Sudamérica.

La mayor proporción de la minería aurífera estimada en el 80% del oro del país, es de la minería ilegal. En nombre de esta actividad empresarial, a las fuentes de agua del país se vierten 200 toneladas de mercurio al año, 100 de ellas en Antioquia.

A la Depresión Momposina donde los ríos Cauca, Cesar y San Jorge desaguan al río Magdalena, convergen las aguas servidas llevando el mercurio de 1.200 minas de aluvión y los vertimientos de la Región Andina donde habita el 70% de los colombianos.

 

Mayor información, en: No todo lo que brilla es oro

Los desastres climáticos en Colombia
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 Imagen: amenaza por inundaciones en Colombia. Prosperidad para todos.

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Para el caso colombiano, según el Departamento Nacional de Planeación DNP, entre 2006 y 2014 uno de cada cuatro colombianos resultó afectado por desastres climáticos conexos a factores antrópicos, como la deforestación y el calentamiento global. Esto significa un total de 12.3 millones de damnificados en dicho período, de los cuales 9.4 millones de habitantes se vieron afectados por deslizamientos e inundaciones.

Ahora, en el marco territorial, dada la alta exposición de las zonas pobladas a las amenazas y deterioro ambiental causado por actividades conflictivas, según el DNP, la más afectada en esos catorce años fue la Región Andina, seguida de otros departamentos.

Las mayores consecuencias invernales de dicho período, las sufrieron Antioquia, Cundinamarca, Caldas, Tolima, Cauca y Santander con el 52% de las 3181 vidas perdidas; en cuanto a viviendas destruidas, el mayor nivel con un 47% de las pérdidas, se dio en Nariño, Chocó, Bolívar, Boyacá, Cundinamarca y Santander; y por infraestructura vial afectada, puntearon Huila, Nariño, Cundinamarca, Santander y Cauca, con el 66 % del total.

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Nuestras aguas y bosques
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  Imagen: Usos potenciales y Ecosistemas actuales en la Ecorregión Cafetera en 2002. Alma Mater y el SIR.

Según Corpocaldas, de una extensión de 744 mil Ha, las coberturas verdes del departamento en 2010 eran: 163 mil Ha en bosques (22%), 265 mil Ha en cultivos (36%) y 300 mil Ha en pastos y rastrojos (40%), tres cuantías que cubren el 98% de su escarpado y deforestado territorio. Aún más: en la Ecorregión Cafetera, mientras las superficies aptas para pastos y bosques son en su orden del 4% y 54%, según Alma Mater las coberturas para el 2002 en dichos usos, llegaban al 49% y 19%, respectivamente.

En cuanto al sistema subterráneo en la región, sobresalen las zonas de recarga de páramo y de la gran cobertura boscosa de la alta cordillera Central, del Tatamá y Caramanta y del Oriente caldense donde la copiosa precipitación explica un recurso hídrico excedentario susceptible de aprovechamientos hidroenergéticos responsables; y en materia de acuíferos, el gran Valle del Magdalena, los valles del río La Vieja y del Risaralda, y la región de Irra –Santágueda-Palestina.

El patrimonio hídrico más comprometido del departamento, es el de la Cuenca del Rio Chinchiná para el caso de la Subregión Centro-Sur; pero también a nivel municipal por la menor precipitación existen riesgo para el suministro de agua en el corredor el Cauca, y en especial entre La Pintada y el Km 41 por la carencia de acuíferos e impermeabilidad de las rocas.

 

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Áreas protegidas y de interés ambiental de Manizales
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Imagen: EEP del POT de Manizales
 

Aunque el POT de Manizales en 2003 reconoce que ha faltado la necesaria protección en las fuentes de agua, sólo señala como prioridad la zona de Gallinazo, pero compromete la función social y ecológica de la propiedad en el uso del suelo implementando un modelo de ocupación inconveniente y conflictivo violando los preceptos del ordenamiento del territorio al desconocer los derechos bioculturales de la Reserva Forestal Protectora de Río Blanco, permitiendo daños severos e irreversibles con la urbanización de su anillo de contención.

Se deberían diferenciar por su extensión o ancho las zonas aledañas con función amortiguadora ZFA o Anillos de contención en los diferentes ecosistemas, así:

El PNNN (1km)

Áreas protegidas declaradas (700 o 500 m según sea un DCSo o una RFP):

Distrito de Conservación de Suelos Guacas – Rosario

Reserva Forestal Plan Alto

Reserva Forestal Protectora Protectora Río Blanco – Quebrada Olivares

Reserva Forestal Sabinas y Reserva Forestal Torre 4

RFP Bosque Chec.

Áreas de interés ambiental (Opcional según el caso):

Cerro Sancancio – Ecoparque Alcázares – Monte León – Ecoparque Los Yarumos – Otras áreas según imagen.

Mayor información, en:  La Aurora v.s. la Reserva Río Blanco.

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La Reserva de Río Blanco
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Imagen: Tierraviva en La Aurora: ecociudadela o ecocidio. Montaje del Urbanizador. Imagen de La Patria.

Manizales ha venido presionando la estructura ecológica principal del municipio al abrirle paso en La Aurora a una urbanización de 2200 unidades residenciales para 10 mil habitantes, colindando con la Reserva Forestal Protectora de Río Blanco, con lo cual se alterará de forma irreversible y severa, mediante los usos urbanos en su anillo de contención, dicho área de interés ambiental estratégica de la nación y de la ciudad, la que además de proveerle servicios ambientales fundamentales, por ser parte de la Zona de Reserva Forestal Central de Colombia, resulta vital para el ecosistema altoandino, como hábitat de especies endémicas, vulnerables y en peligro de extinción. Las acciones que han permitido esta urbanización violan los principios rectores de la Ley 388 de 1997, sobre el ordenamiento territorial, y el espíritu de la Ley 165 de 1994  que acoge el “Convenio sobre la Diversidad Biológica”, suscrito en Río de Janeiro el 5 de junio de 1992.

Señores Jueces, pregunto: ¿puede la “jungla de concreto” en La Aurora, no generar ruido ni contaminación lumínica, para cumplir las funciones de amortiguamiento que por ley le corresponden a un anillo de contención?; ¿puede capturar CO2 que proviene de Manizales y aportar oxígeno para la reserva de Río Blanco, tal cual lo hace un bosque? ésto para que dictaminen si entonces los estudios presentados por la urbanizadora para Tierraviva, son o no los pertinentes cuando solicitan obras de urbanismo en el lugar equivocado, para alterar el microclima, los ciclos biogenéticos y las cadenas tróficas de la reserva que se protege, violando Ley 99 de 1993.

Permitir daños no mitigables y severos, asociados al desarrollo urbano del suelo en un predio que por ley debe cumplir funciones de amortiguamiento fundamentales, para proteger dicha reserva protectora de los impactos de la ciudad, significa poner en conflicto los usos del suelo al levar la “jungla de concreto” al lugar, alterando las funciones de prevención y mitigación que demanda la sustentabilidad del estratégico ecosistema, y trasladarle al privado una función perenne propia del Estado, que es quien debe velar por el bien común sin poner en riesgo lo que protege y aporta la Reserva Forestal Protectora de Río Blanco, tal cual ocurre en este caso al desnaturalizar la función social y ecológica de la propiedad en su área de amortiguamiento, con una decisión replicable que podrá repetirse en detrimento de una de las zonas con mayor biodiversidad del país, la RFP de Río Blanco que es al tiempo proveedora de servicios ambientales, entre ellos el 35% del agua para Manizales.

Mayor información, en:  Vulnerabilidad de Río Blanco frente a la expansión urbana.

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Los desastres climáticos en Colombia

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 Imagen: amenaza por inundaciones en Colombia. Prosperidad para todos.

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Para el caso colombiano, según el Departamento Nacional de Planeación DNP, entre 2006 y 2014 uno de cada cuatro colombianos resultó afectado por desastres climáticos conexos a factores antrópicos, como la deforestación y el calentamiento global. Esto significa un total de 12.3 millones de damnificados en dicho período, de los cuales 9.4 millones de habitantes se vieron afectados por deslizamientos e inundaciones.

Ahora, en el marco territorial, dada la alta exposición de las zonas pobladas a las amenazas y deterioro ambiental causado por actividades conflictivas, según el DNP, la más afectada en esos catorce años fue la Región Andina, seguida de otros departamentos.

Las mayores consecuencias invernales de dicho período, las sufrieron Antioquia, Cundinamarca, Caldas, Tolima, Cauca y Santander con el 52% de las 3181 vidas perdidas; en cuanto a viviendas destruidas, el mayor nivel con un 47% de las pérdidas, se dio en Nariño, Chocó, Bolívar, Boyacá, Cundinamarca y Santander; y por infraestructura vial afectada, puntearon Huila, Nariño, Cundinamarca, Santander y Cauca, con el 66 % del total.

Mayor información, en: Gestión del patrimonio natural en Colombia. 

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Frecuencia, daño y extensión de algunas amenazas

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Fenómenos de las amenazas Frecuencia por siglo Siniestralidad esperada Área afectada
Terremotos Fuertes (int>VII) 300 20%-50% 500 km2
Flujo de Lava Volcánica  10-100 veces 20%-100% 1-10 km2
Cenizas Volcánicas 1-5 veces <10% <1millón km2
Flujo Piroclástico  1-5 veces 70%-100% 1-10 km2
Flujo de lodo Volcánico  1-10 veces 50%-100% 10-100 km2
Erupción Lateral o Blast 1-3 veces 70%-100% <15000km2
Gases volcánicos 1-5 veces 1% <1000km2
Inundaciones súbitas 50-500 50% a 100% 1-10 km2
Inundaciones lentas 200-4000 10%-50% 10-100 km2
Deslizamientos de tierra o roca 500-10000 50%-100% 1 a 5 km2
Huracanes Fuertes Grado 3 a 5. 100-500 20%-50% <50000km2
La Niña (T<-1,5ºC) 1-8 <20% <1millón km2
El Niño(T>+1,5ºC) 1-12 <20% <1millón km2
Incendios forestales 50%-70% <500 km2

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Riesgos Específico y de Cúmulo para algunas amenazas

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Fenómeno Posible control Riesgo local o específico Riesgo total o de cúmulo
Terremotos Fuertes (I>VII) No Reducido (4) Moderado (3)
Flujo de Lava

 Volcánica

Si Agravado (1) Bajo (5)
Cenizas Volcánicas  No Reducido (4) Bajo (5)
Flujo Piroclástico  No Reducido (4) Moderado (3)
Flujo de lodo Volcánico  Duda Mediano (2) Reducido (4)
Erupción Lateral o Blast No Muy Bajo (6) Agravado (1)
Gases volcánicos Duda Reducido (4) Bajo (5)
Inundaciones súbitas Duda Agravado (1) Bajo (5)
Inundaciones lentas Duda Mediano (2) Reducido (4)
Deslizamientos de tierra o roca Si Mediano (2) Reducido (4)
Huracanes Fuertes Grado 3 a 5. 100 a 500 Reducido (4) Bajo (5)
La Niña (T<-1,5ºC) No Agravado (1) Reducido (4)
El Niño (T>+1,5ºC) No Agravado (1) Reducido (4)
Incendios forestales Duda Mediano (2) Mediano (2)

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¿Dónde y cómo? I

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Nivel de Amenaza Nivel Alto Nivel Medio a Bajo
Terremotos Fuertes (I>VII) Costa Pacífica, Eje Cafetero, Santanderes, Cauca, Valle, Margen Llanero, Atrato Antioquia, Cundinamarca, Tolima Huila, Boyacá
Flujo de Lava Volcánica  Nariño, Huila, Eje Cafetero, Cauca
Cenizas Volcánicas Nariño, Huila, Eje Cafetero, Tolima, Cauca Cundinamarca, Boyacá, Antioquia
Flujo Piroclástico  Nariño, Quindío, Huila, Eje Cafetero, Cauca, Tolima
Flujo de lodo Volcánico

 

Huila, Tolima, Caldas, Risaralda, Nariño, Cauca, Valle, Quindío.
Erupción Lateral o Blast Huila, Tolima, Caldas, Cauca, Nariño, Huila, Tolima, Caldas, Valle, Quindío
Gases volcánicos Tolima, Nariño, Cauca, Huila, Eje Cafetero

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¿Dónde y cómo? II

 

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Nivel de Amenaza Nivel Alto Nivel Medio a Bajo
Inundaciones súbitas Todos los Departamentos Andinos
Inundaciones lentas Chocó,  Cundinamarca, Antioquia, Santander, Nariño Eje Cafetero, Tolima,  Valle, Santanderes, Huila, Cauca, Nariño, Boyacá
Deslizamientos de tierra o roca Todos los Departamentos Andinos
Huracanes Fuertes Grado 3 a 5. Santanderes, Boyacá, Antioquia, Chocó Eje Cafetero, Tolima, Valle
La Niña (T<-1,5ºC) Todos los Departamentos Andinos
El Niño(T>+1,5ºC) Todos los Departamentos Andinos
Incendios forestales Córdoba, Cesar, La Guajira, Sucre, Córdoba, Bolívar, Magdalena, La Guajira, Cesar, Huila, Tolima y Vichada, sobre todo en temporadas de El Niño. Región Andina y Caribe en temporadas normales, y Antioquia, Arauca, Casanare, Meta y Vichada en temporada de El Niño.

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R=1-(1-1/Tr)**n

.Resultado de imagen para valoracion del riesgo  godues

  • Valoración del Riesgo en función del período de las Amenazas y la vida útil de una obra
  • En la fórmula:
  • R=Riesgo de falla,
  • Tr= Período de retorno de las amenazas y
  • n= vida útil de una obra. Tryn, en años.
  • Como fundamento, 1/Tres la probabilidad temporal del evento.
  • Veamos el ploteo de valores:

La conclusión es que las obras se diseñan del lado de la falla, donde R>50%, pues de lo contrario la ciudad no sería viable: obsérvense los valores de la diagonal.

Obsérvese el incremento de R de 0,63 a 0,98 para una obra con una vida útil“n” de 100 años, cuando el período de retorno Tr” de la amenaza cambia de 100 a 25 años: es el caso de los eventos hidrometeorológicos, por el calentamiento global.

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Lecciones del Ruiz: a la memoria de Armero, 30 años después de la tragedia.

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Una vez más estas notas para conmemorar una dolorosa fecha como la destrucción de Armero, con la intención de hacer una lectura de la coyuntura previa a la erupción del Ruiz del 13 de noviembre de 1985, de la que se deriven lecciones a partir de las experiencias científicas en torno a un desastre que según mi convicción pudo ser por lo menos mitigado, a pesar de que para entonces el Estado no contaba con políticas ambientales ni de planificación ligadas a la dimensión de los riesgos, y que nuestra sociedad tampoco había desarrollado esa cultura que demanda la apropiación del territorio buscando su adaptación a las amenazas naturales. Si bien ese es el fundamento de la hipótesis que he presentado, a mi juicio existieron otros factores contribuyentes, cuya intervención pudo desmovilizar o neutralizar de forma oportuna los precarios activos del Estado dispuestos para prevenir la tragedia.

Aunque la Undro meses antes había recomendado el monitoreo del volcán, la elaboración de un mapa de riesgos y la implementación de planes de evacuación, a pesar de conocer los antecedentes del Ruiz asociados a las erupciones de 1595 y 1845, que cobraron vidas de pobladores asentados en el mismo lugar donde se fundaría Armero (1895), aunque se contaba con dos horas después de iniciada la erupción del 13 de noviembre de 1985 para que un poblado como Armero fuera evacuado hacia las zonas más altas contiguas, de conformidad con lo que señalaba el mapa de amenazas concluido en octubre  del mismo año, a sus pobladores que no fueron preparados previamente, tampoco se les notificó debida y oportunamente para ponerse a salvo.

Por fortuna, tras estas décadas de dificultades y errores cometidos, en los que varios de nuestros compañeros han perdido la vida en actividades científicas al servicio de la comunidad, tanto en el Galeras como en el Ruiz, también las comunidades que habitamos las áreas volcánicas hemos aprendido, tenemos vigilancia de los tres segmentos volcánicos gracias a los observatorios de Pasto, Popayán y Manizales, y existe una institucionalidad en el país para la atención de riesgo volcánico, aunque falta avanzar en procesos de apropiación social del territorio y de planeación participativa para que la gestión sea integral. Como evidencia, lo ocurrido en el Huila con la erupción de  2007, cuando se previene una tragedia por flujos de lodo volcánico comparables a los del Ruiz (1985) cuando varios miles de habitantes de poblados indígenas como Belalcázar, Inzá y Tesalia, instruidos sobre la amenaza, e informados a tiempo de la ocurrencia del fenómeno, evacuan por sus propios medios.

Antes de la tragedia, la U.N., además de las actividades desplegadas por las otras sedes, tuvo varios frentes en Manizales: el monitoreo de aguas termales, inicialmente con el propósitos de evaluar del potencial geotérmico, y tras presentarse la coyuntura volcánica con el objeto de desarrollar una metodología de muestreo de fluidos de cara al monitoreo para el pronóstico del proceso volcánico; igualmente, el apoyo al levantamiento geofísico para evaluar el potencial geotérmico del Complejo Volcánico emprendido por Chec desde finales de los años 70; y ya a partir de la reactivación del volcán, la socialización de la amenaza volcánica emprendiendo labores de capacitación a los entes de socorro, en especial a la Cruz Roja, y la implementación de acciones y estrategias de gestión para convocar esfuerzos requeridos en la atención de la grave coyuntura volcánica.

Y después de la dolorosa tragedia, además de participar en las actividades de vigilancia durante la fase pos-eruptiva, primero a cargo del Comité de Estudios Vulcanológicos que se había creado luego de la erupción freática del 11 de septiembre de 1985, y cuando asume el Observatorio Vulcanológico la vigilancia volcánica bajo la dirección científica del Geofísico Hans J. Meyer quien venía colaborando con el Comité, se dio el acompañamiento a las comunidades afectadas en Guayabal y Chinchiná, en el marco de las actividades del CINEP a cargo de la Dra. Rosario Saavedra. Adicionalmente, en estas tres décadas también la institución a nivel local ha contribuido de forma continua con la producción de documentos relacionados con la gestión del riesgo volcánico, material que puede consultarse en  Volcanes…

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Lecciones de El Cerrejón: Arroyo Bruno, entre la muerte negra y la vida wayuu
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Hasta no contar con el consentimiento favorable de una consulta popular, la Sala Plena de la Corte Constitucional ha dicho no a la pretensión de Cerrejón de explotar carbón sobre el arroyo Bruno, dejando en firme la suspensión de las obras que desplazarían dicho arroyo con graves consecuencias ambientales y sociales para el territorio wayuu: la escasez del agua que con frecuencia afecta a varias comunidades de la media y alta Guajira, una situación que reiterativamente crea dificultades durante las temporadas de intenso verano, es una amenaza severa toda vez que al secarse cultivos y pasturas con impacto para los animales, agrava el círculo fatal por las enfermedades derivadas de sequías y carencias alimentarias.

La exótica península de La Guajira parcialmente compartida con Venezuela, para Colombia no solo es sinónimo de la sal de Manaure y de la tragedia del pueblo Wayuu dada la mortalidad infantil asociada a la falta de agua y la desnutrición, sino también de cuantiosas regalías generadas por la explotación de su enorme potencial de carbón y gas natural, donde la Anla y Corpoguajira otorgan las licencias ambientales, amén de otras problemáticas como la corrupción en contratación de programas de educación, salud, atención a infancia y obras civiles. Allí, las comunidades indígenas que ancestralmente han ocupado el territorio, viven principalmente de la ganadería trashumante, la pesca, la extracción de yeso y sal marina, y ocasionalmente del comercio o el cultivo estacional.

El arroyo Bruno es un cuerpo de agua intermitente con comportamiento bimodal que nace en la Serranía del Perijá, y en sus 26 kilómetros de recorrido transitando con dirección noroeste baña el paisaje de estepa para luego desembocar en el río Ranchería. El desvío del cauce para excavar su cuenca en dominios de la multinacional expandiendo la zona de explotación y el uso del agua para destinarla a las medidas ambientales de control de polvo, son dos intervenciones que pese a estar incluidas en los planes de la compañía desde 1998, de contar con licencias y de contemplar el equilibrio dinámico del caño y otros requerimientos técnicos, no solo atentan contra el derecho al agua, sino que también causarían la pérdida de diversidad biológica y generarían cambios en las prácticas y usos del suelo. Esto, a cambio de las regalías de 40 millones de toneladas de carbón adicionales, compromete la supervivencia de miles de indígenas wayuu y de grupos afro-descendientes.

Mientras el percápita de agua en la Guajira es inferior a un litro por segundo al día, contra un consumo de 17 millones de litros diarios que requiere Cerrejón, con el desvío del citado cauce y la explotación carbonífera en el subsuelo de dicho cuerpo de agua cuyo caudal medio alcanza 0,9 metros cúbicos por segundo, además de la amenaza de desertificación y del daño severo e irreversible al ecosistema, se afectaría el suministro para varios asentamientos de la península, y con ello una función social fundamental de dicha fuente de aprovisionamiento del vital líquido que, transportado en vehículos día a día a lo largo y ancho de La Guajira, satisface las necesidades en Albania, Maicao, Uribia, Riohacha y algunos sectores de Manaure.

Es que los antecedentes de la empresa carbonera en la solución de conflictos que terminan en negociación directa con campesinos que quedan desarraigados al perder su cultura, o que transan presionados al ver iniciados los trámites de desalojo, no son buenos: como prueba estarían las historias de las comunidades de Chancleta, Patilla, el Roche y Tabaco, que tras largos procesos de reasentamiento, reparación colectiva o negociación directa, recibieron casas con deficiencias de servicios públicos y predios en tierras áridas, que agravaron su calidad de vida.

 

Si para advertir de la fragilidad del territorio guajiro frente a la amenaza al cambio climático, basta señalar que en lugares como Uribia ocasionalmente se han secado los 350 reservorios construidos para proveer del vital líquido a sus 280 mil habitantes del área rural; también podríamos cuestionar las regalías para la nación estimadas en un billón de pesos anuales provenientes del carbón extraído, si esto implica comprometer la seguridad alimentaria de grupos vulnerables, cuando en la última década entre 400 y 500 niños Wayuu han muerto por desnutrición. [Ref.: La Patria. Manizales, 2017/12/04]
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Lecciones de Hidroituango: ¿habrá pasado factura la naturaleza al actual modelo de desarrollo?
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¿Habrá pasado factura la naturaleza al actual modelo de desarrollo por la hidroeléctrica de Pescadero-Ituango?, esto, dados los pasivos ambientales del mayor proyecto de generación en la historia del país, con el cual se incorporan 2,4 millones de kilovatios instalados que aportarían 4 puntos al PIB, y cuya energía- salvo las consideraciones pertinentes de Gabriel Poveda Ramos invitando a transformar los minerales de nuestro subsuelo para justificarla-, se exportaría. Lo anterior, cuando esta obra concebida en 1960/70, estudiada en 1980/90, e iniciada en 2010, al represar el río Cauca con un enrocado y núcleo de arcilla de 225 m de altura, y conformar un embalse de 79 km de largo y 3800 hectáreas de superficie, además de sus enormes impactos socioambientales, incorpora una amenaza para poblaciones ubicadas aguas abajo, quienes han estado en vilo tras un fallo en el túnel de desvío, ocurrido cuando está a punto de culminar la presa.

La emergencia derivada del fallo en una obra subterránea vital para dicho proyecto, bajo el presupuesto de que los túneles alternos se sellaron acorde a un programa preestablecido y adecuado, son la consecuencia de dos factores determinantes: de un lado, la incertidumbre consustancial propia de las grandes obras subterráneas, para las cuales los métodos de diseño, procesos constructivos, y planeación técnica y financiera, no pueden ser convencionales, tal cual lo enseña el método observacional propuesto por Karl Terzaghi (1945-48) y desarrollado por Ralph B. Peck (1967-69), justo para tales obras; y del otro, las consecuencias de un modelo de desarrollo extractivista que explota el medio ambiente, pensado para el crecimiento económico y no para el desarrollo, ya que al instrumentalizar la naturaleza e incorporar grandes riesgos, olvida que también somos parte de ella.

Sobre lo primero, tal cual lo hemos aprendido con los múltiples casos que agobian nuestra ingeniería, mientras la incertidumbre en la estabilidad de una estructura superficial de concreto como lo es un edificio como el Space o el puente de Chirajara, varía entre el 4 y 6 porciento gracias al conocimiento previo que tiene el calculista de la geometría, resistencia y comportamiento predecible de los elementos estructurales; contrariamente, en las obras subterráneas, como lo son los túneles y las cimentaciones que soportan grandes cargas, caso Hidroituango y Aerocafé, la incertidumbre ocasionada por las variaciones erráticas y aleatorias de los macizos rocosos, llega al 30 porciento en condiciones normales, e incluso a valores del 50 porciento en el complejo medio tropical andino.

Y sobre lo segundo, porque a diferencia de una hidroeléctrica a filo de agua, o de una planta en una corriente menor alimentada por medianos embalses concebidos para generar beneficios locales significativos directos, apalancando proyectos de transformación de la riqueza y un uso del agua para resolver problemas ambientales y generar empleo, por ejemplo a través del control de inundaciones, de sistemas de riegos y del fortalecimiento del turismo; contrariamente, las grandes represas como Asuán en el Nilo e Itaipú en el Paraná, han dejado significativas lecciones: si no se conciben para usos múltiples, ni se contemplan los derechos bioculturales, sólo propician enclaves económicos que desestructuran territorios, al producir el desarraigo borrando de tajo la cultura de las comunidades desplazadas y excluir de sus beneficios a los pobladores; y al modificar de forma irreversible el curso natural en grandes ríos y el microclima, afectando las dinámicas de especies de peces y aves que los remontan, y sepultando la flora y la fauna en extensiones considerables.

Finalmente, del examen de esta grave crisis, además de las anteriores reflexiones extraídas de sus crudas enseñanzas y en lugar de satanizar la ingeniería colombiana, quisiera rescatar dos asuntos aleccionadores: primero, la responsabilidad de la evacuación preventiva y oportuna del escenario potencialmente comprometido ocupado por 120 mil habitantes, para prevenir un eventual desastre aguas abajo del proyecto: recuérdese que en Armero (1985), a pesar de conocerse previamente el riesgo, por la carencia de un desarrollo institucional en la materia, no se previno un desastre ya anunciado; y segundo, reconocer el sentido ético que subyace en la valerosa decisión de asumir las cuantiosas pérdidas económicas, al desviar el flujo de agua que se represaba hacia la casa de máquinas, para prevenir el daño del embalse tras un colapso de la presa. [Ref.: La Patria. Manizales, 2018/05/21]

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Lecciones de “El Niño costero”: el siniestro de Mocoa, designio de la imprevisión.
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Durante la noche del 31 de marzo y la madrugada del 1 de abril de 2017, cuando fuertes lluvias provocaron deslizamientos, deslaves y flujos de lodo en las cuencas altas de los ríos Mocoa, Mulato y Sancoyaco, con los desbordamientos que arrasaron varios sectores urbanos en el municipio colombiano de Mocoa capital del Departamento del Putumayo, se generó un desastre, que cobró, además de la destrucción de viviendas puentes, redes de servicios públicos y vehículos, al menos 320 personas fallecidas, más de 400 heridos y una cifra no oficial de 300 desaparecidos, generándose un drama que afectó severamente a cerca de 45 mil habitantes, de los cuales 4.506 quedaron sin vivienda.

Las avalanchas asociadas a las lluvias exacerbadas por el calentamiento global, y que continuarán arrasando poblados ubicados en los piedemonte cordilleranos, caso Salgar y Mocoa, son una amenaza latente y creciente para la región andina de Colombia, donde estamos pagando deudas ambientales con cientos de poblados en condición de riesgo ubicados sobre abanicos aluviales de cuerpos de agua en régimen torrencial abrigados por cuencas deforestadas, al ocupar sus vaguadas con usos conflictivos del suelo y exponer a sus pobladores: en esta nueva dinámica los desastres, que parten de eventos climáticos extremos como detonantes de riadas predecibles, son el costo de nuestra precaria cultura de planeación.

Para tratar el asunto, permítanme dos elementos conceptuales de importancia para la gestión del riesgo: uno, la previsión a corto plazo, que se relaciona con el proceso hidrogeológico, y que incluye el monitoreo de la amenaza y la definición del modelo de encadenamiento y propagación de los eventos; y dos, la previsión general, que se ocupa de los factores de la vulnerabilidad global y de los mapas de susceptibilidad a la amenaza, como insumos necesarios para estudiar el riesgo probable y los grados de exposición al peligro de bienes y personas.

Si para tales lugares, además del mapa señalando los escenarios amenazados, de una red de monitoreo que opere en tiempo real, existiesen políticas públicas, procesos educativos y herramientas para la planificación integral del territorio, se podría hablar de prevención de desastres; de lo contrario, otra sería la suerte de pobladores que en condición vulnerable habitan dichos lugares, que hoy sólo son escenarios con escombros a la espera de una tragedia, que aunque puede anticiparse, más tarde los convertirá en “campos santos” para honrar a sus víctimas mortales.

Justo durante los meses precedentes veíamos con dolor imágenes de los huaycos en Perú y Ecuador, producto del fenómeno de “El Niño costero” ocasionado por un calentamiento anómalo del mar focalizado en las costas sudamericanas, donde varios fenómenos hidrogeológicos cobraron más de un centenar de vidas, y al cual podrían sumarse las de Mocoa. Vale la pena señalar, que dicho fenómeno climático difiere del ENOS producto de las fluctuantes de temperaturas oceánicas provenientes de Australia, que al detonar en el Pacífico ecuatorial, ocasionan lo que conocemos como “El Niño o La Niña” según el caso.

En el PBOT de Mocoa, donde se consigna que el río al igual que algunos afluentes suyos al bajar de la cordillera cruzan el casco urbano, y que dada su juventud geológica al encontrarse en permanente formación generan una erosión activa que pone en peligro permanente sus zonas de influencia en la ciudad, también se reconoce la alta pluviosidad anual característica de la región, el alto grado de fragmentación del ecosistema y la presión antrópica sobre el sistema boscoso como factores de amenaza generadora de riesgos por movimientos de remoción en masa, inundaciones, crecientes de ríos y erosión. Es decir, la amenaza y el riesgo ya estaban identificados en Mocoa, pero las acciones humanas precedentes y omisiones institucionales crearon las condiciones propicias para esta tragedia.

Por las mismas razones, en la Ecorregión Cafetera, un escenario deforestado donde la superficie en potreros supera 12 veces lo debido y la extensión de bosques es 2,8 veces inferior a la esperada, podríamos encontrar áreas pobladas potencialmente amenazadas. Bastaría señalar centralidades, que al igual que en Maltería por donde transita la quebrada Manizales, también están cruzadas por un cuerpo de agua en régimen torrencial, para encontrar pobladores en riesgo, e implementar acciones para resolver las contradicciones del modelo de ocupación del territorio, emprendiendo el ordenamiento de las respectivas microcuencas y las acciones de planificación para prevenir la destrucción de la selva andina, e instalar sistemas de alerta temprana, como los utilizados en Manizales para el tema de los deslizamientos y la amenaza volcánica.

Por lo tanto, el gran desafío para mitigar esta amenaza del cambio climático, es  aplicar determinantes socioambientales con un enfoque más biocéntrico que antropocéntrico, para recuperar y ordenar nuestras cuencas con sus cuerpos de agua, ecosistemas y bosques, e implementar planes  de manejo ambiental participativos que contemplen estrategias de adaptación al cambio climático y modelos no conflictivos de ocupación del territorio. [Ref.: La Patria. Manizales, 2017/10/4]
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Epílogo 1
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  Imagen: Salto de Nereidas. Julián Echeverri Ocampo. CODELCO.

  • La crisis del agua que se expresa en descontrol hídrico y pluviométrico, y en sequías y desabastecimiento, obliga al desarrollo de políticas públicas ambientales, que le apunten a un modelo urbano más humano y más verde, implementando una planificación con un enfoque biocéntricos y previsivo, donde se desarrollen instrumentos que permitan enfrentar la problemática socio-ambiental del riesgo asociado al cambio climático.
  • Habrá que proceder con una ocupación del territorio más responsable, soportada en estrategias participativas e incluyentes orientadas a la apropiación social de los procesos socioambientales, una normativa para un ordenamiento territorial que contemple además de la adaptación al cambio climático y la función social y ecológica del suelo, el aprovechamiento responsable de los activos de la Estructura Ecológica Principal del municipio.
  • En relación con la ley ambiental, requiere el país una orientación socio-ambiental que le reconozca el verdadero carácter patrimonial al agua, el suelo y la biodiversidad, que son bienes erróneamente considerados como un recurso, y como tal un objeto de mercado.

Mayor información, en:  Guerra o Paz, y disfunciones socio-ambientales en Colombia.

 

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Epílogo 2
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 Imagen: Charca de Guarinocito. CORPOCALDAS.

Para el desarrollo del campo colombiano, además implementar medidas estructurales que permitan corregir la enorme inequidad que expresa el índice de concentración de la propiedad de la tierra y el agua, el Nuevo Ordenamiento Territorial en cada Plan de Desarrollo, deberá implementar políticas de ciencia y tecnología imbricadas con la cultura, para resolver la brecha de productividad que sume en la pobreza a los medios rurales.

Para corregir el uso conflictivo del suelo, y en particular para resolver la enorme problemática de la deforestación y potrerización, el sector agropecuario deberá implantar la agroforestería y emplear las prácticas silvopastoriles.

De lo contrario, además de hacer inviable el territorio, en uno o dos siglos como máximo, con criterios desarrollistas centrados en el crecimiento y por lo tanto en el consumo, en virtud de las falencias de un Estado débil y de una sociedad indolente y no previsiva, además de comprometer el futuro de nuestros hijos, habremos agotado la biodiversidad del país.

 Mayor información, en: Ciencia, tecnología y ruralidad en el POT de Caldas.

 

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Epílogo 3

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Resultado de imagen para barranquero pendulo en.wikipedia.org

Imagen: Barranquillo o Barranquero. Ave emblema de Manizales. Fuente: en.wikipedia.org

 

La crisis global del agua exige una nueva concepción para lograr la gestión del agua, hacer ajustes y trazar nuevos enfoques en las políticas públicas del país y en el ordenamiento territorial en materia de adaptación al cambio climático, dotándolas de una orientación socio-ambiental, y redefiniendo el verdadero carácter del agua, el suelo y la biodiversidad, erróneamente considerados un recurso y como tal un objeto de mercado, y no un patrimonio inalienable.

De lo contrario, además de hacer inviable el territorio, en uno o dos siglos como máximo, en nombre de un modelo de desarrollo deshumanizado y centrado en el crecimiento económico, y por lo tanto en el consumo, en virtud de las falencias de un Estado débil y de una sociedad indolente y no previsiva, habremos agotado la biodiversidad del país.

Entre las medidas de adaptación al cambio climático, además de implementar una política pública orientada a la seguridad hídrica, se combatir la corrupción como factor que reduce la eficiencia de la acción del Estado, y urge una reforma estructural que corrija la concentración de la propiedad del suelo y del agua.

 Mayor información, en: Aspectos geofísicos de los Andes de Colombia

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Gracias
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   Gonzalo Duque-Escobar, Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y Miembro de la SMP de Manizales. http://godues.webs.com Este trabajo conmemora los 150 años de la Universidad Nacional de Colombia.

Ponencia para el Conversatorio “Agua como bien público”, con Gustavo Wilches Chaux, desarrollado en el marco de la Semana Ambiental de Corpocaldas, Aguas Manizales y la Alcaldía de Manizales. Teatro Fundadores. Junio 9 de 2017. Documento ajustado en Mayo de 2018,

Imagen: Rana amazónica. NATGEO Colombia.

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Fuentes bibliográficas I

Agua, ordenamiento territorial y desastres. Duque Escobar, Gonzalo (2011) http://www.bdigital.unal.edu.co/5487/1/gonzaloduqueescobar.201181.pdf

Agua y Clima. El Cuidado de la Casa Común. Duque Escobar, Gonzalo (2017) Universidad Nacional de Colombia – Sede Manizales. http://www.bdigital.unal.edu.co/56303/1/elcuidadodelacasacomunaguayclima.pdf

Adaptación al cambio climático para Manizales. Duque Escobar, Gonzalo (2011) La Patria. http://www.bdigital.unal.edu.co/5437/1/gonzaloduqueescobar.201179.pdf

Amenazas naturales en los Andes de Colombia. Duque Escobar, Gonzalo (2007) Documento de trabajo. Manizales, Caldas, Colombia http://www.bdigital.unal.edu.co/1579/1/amn-and-colombia.pdf

Asuntos del clima andino en Colombia. Duque Escobar, Gonzalo (2012) https://godues.wordpress.com/2011/11/08/asuntos-del-clima-andino-en-colombia/

Bosques en la cultura del agua. Duque Escobar, Gonzalo (2011) La Patria. http://www.bdigital.unal.edu.co/3591/1/gonzaloduqueescobar.201133.pdf

Caldas en la biorregión cafetera. Duque Escobar, Gonzalo (2014) In: Foro “Por la Defensa del Patrimonio Público…” U de C http://www.bdigital.unal.edu.co/45356/1/gonzaloduqueescobar.201447.pdf

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Mohán: sin bogas ¿pa’ onde va el río? Duque Escobar, Gonzalo (2015) La Patria, Manizales, Caldas, Colombia. http://www.bdigital.unal.edu.co/51284/1/mohansinbogaspaondevaelrio.pdf

No todo lo que brilla es oro. Duque Escobar, Gonzalo (2016). La Patria. http://www.bdigital.unal.edu.co/52182/1/notodoloquebrillaesoro.pdf

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Territorio y Región: Caldas en la Ecorregión Cafetera.Duque Escobar, Gonzalo (2014) In: Celebración de los 102 años de fundación de la SMP de Manizales, Junio 27 y 28 de 2014, Auditorio José Restrepo Restrepo de la SMP, Manizales http://www.bdigital.unal.edu.co/39441/1/gonzaloduqueescobar.201425.pdf

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Textos U.N.: Geomecánica y Geología https://godues.wordpress.com/2016/08/13/textos-u-n-geomecanicay-geologia/

Textos “verdes”. Duque Escobar Gonzalo, et All. Recopilación: https://godues.wordpress.com/2017/03/02/textos-verdes/

UMBRA: la Ecorregión Cafetera en los Mundos de Samoga. Duque Escobar, Gonzalo (2015). Manizales http://www.bdigital.unal.edu.co/50853/

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Valoración de la Biodiversidad en la Ecorregión del Eje Cafetero. Centro de Investigaciones y Estudios en Biodiversidad y Recursos Genéticos. CIEBREG (2009). Pereira, Colombia. http://media.utp.edu.co/ciebreg/

Vías lentas en el corazón del Paisaje Cultural Cafetero. Duque Escobar, Gonzalo (2011) Semanario El Andino. http://www.bdigital.unal.edu.co/5465/1/gonzaloduqueescobar.201180.pdf

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