Ecoparques turísticos: nodos para articular cultura y biósfera.

Por: Gonzalo Duque Escobar

A propósito del Día Mundial del Medio Ambiente, hacemos eco a la importancia intrínseca de los Parques Nacionales Naturales PNN para la conservación de la biósfera y como categoría superior de áreas de interés ambiental de Colombia, pensando entre ellos en aquellos lugares donde existen escenarios vitales para la preservación del conjunto de ecosistemas que están comprometidos por las complejas funciones rurales y urbanas del hábitat humano. Empecemos por señalar que en el conjunto de PNN donde se comprenden dos grandes grupos: Parques Naturales con Turismo y Parques Naturales como santuarios de ecosistemas y culturas, también los primeros suelen involucrar recurso hídrico, especies en extinción y grupos étnicos con su cultura ancestral, como elementos fundamentales del patrimonio de la Nación, según sea el caso. Esa diversidad representada en 56 áreas naturales, se extiende por 113.910 km2 de la superficie terrestre y 1.113 km 2 de las áreas marinas de Colombia, lo que muestra al país como uno de los más ricos en diversidad biológica y cultural del mundo.

En consecuencia, quisiera para el caso señalar dos espacios singulares del Sistema, donde se contempla el turismo: el PNN Sierra Nevada de Santa Marta y el PNN de los Nevados en la Ecorregión Cafetera, dado que por varios motivos, uno y otro resultan emblemáticos como objetivo para los visitantes de Colombia, pero igualmente vulnerables por las dinámicas antrópicas que se advierten en ellos. El primero, dado que en el seno de la Sierra Nevada, además de las comunidades indígenas Arhuaco, Kogui, Wiwa y Kankuamo, habitan campesinos con actividades agropecuarias; y el segundo, por ser un escenario que alberga en su interior desde la colonización antioqueña, propietarios provenientes del Altiplano Cundiboyacense, Gran Tolima y Eje Cafetero.

Esto para invitarlos a pensar en el desafío de implementar acciones en una doble vía de cara a los PNN ecoturísticos, de un lado con el fin de adaptarnos para enfrentar las dinámicas ambientales que comprometen su estabilidad, pero también para hacer de ellos verdaderos instrumentos del desarrollo de la Nación a partir del conocimiento y aprovechamiento de su oferta y demanda ambiental. Para los ejemplos citados, Santa Marta y Valledupar, o Manizales, Ibagué, Pereira y Armenia, pueden lograr importantes desarrollos articulando los beneficios de la economía verde a la economía del conocimiento, pero de forma sostenible.

Primero, la Sierra Nevada alberga un escenario urbano como Santa Marta, donde las inundaciones urbanas sufridas por el uso indebido de las cuencas en temporadas invernales, son la consecuencia de la actividad antrópica surgida de un modelo de explotación que ha desconocido los saberes de las comunidades ancestrales locales, y que se soporta en la tecnología inapropiada introducida por quienes hemos desatendido las sabias advertencias de los “hermanos mayores” nativos del lugar. Y segundo, en el caso del Complejo Volcánico Ruiz Tolima conviene pensar en que al riesgo asociado a volcanes como el Ruiz, Machín y Cerro Bravo, se suma la amenaza del Calentamiento Global que compromete un recurso hídrico vital para las conurbaciones de las capitales cafeteras e Ibagué, y la estabilidad de esos ecosistemas andinos, en especial por lo que ocurre en su zona de amortiguamiento o entorno sobre cuerpos de agua y laderas en fuerte pendiente con suelos inestables, franjas aptas para bosques y conectividad biológica.

Dadas las dinámicas que se están advirtiendo en el medio natural con la reducción de los glaciares, y las consecuencias esperadas cuando en algunas décadas las zonas de vida cambien al incrementarse la temperatura en unos 3°C; y ahora en concreto por las transformaciones agrarias sobre el citado medio de la periferia de los PNN donde se sustituyen siembras permanentes por cultivos limpios más agresivos o por ganadería como respuesta a las variaciones del mercado, indudablemente surge la urgencia de aplicar medidas de planificación y ordenamiento del territorio con restricción de usos y cambios en manejos de suelos, favoreciendo una reconversión productiva con practicas amigables para el medio ambiente y educación ambiental, no solo en los terrenos ocupados y sus áreas de amortiguamiento, como también en los grandes escenarios urbanos que se sirven de ellas.

Dado lo anterior, en virtud del necesario desarrollo de un conocimiento que articule ciencia y saberes y la apropiación social de los ecoparques con sus contenidos ecosistémicos y culturales, rescatamos la plausible labor del equipo de la Dirección de la Territorial de los Andes Occidentales de PNN de Colombia, que ha emprendido la tarea de formular estrategias concertadas entre actores sociales estratégicos en pro de los objetivos misionales, proceso que acompañamos y para el cual invitamos a sumar esfuerzos de la comunidad científica en cada región de Colombia donde sea del caso, todos necesarios para la encomiable tarea que apenas se formula bajo la coordinación de Jorge Eduardo Ceballos.

Desde el OAM, Ed. Circular RAC 613
http://www.manizales.unal.edu.co/oam_manizales

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