CLIMA, DEFORESTACIÓN Y CORRUPCIÓN

  

Por Gonzalo Duque-Escobar

Entre las medidas de adaptación al cambio climático, urge, además de una reconversión productiva que permita corregir los usos conflictivos del suelo, combatir la corrupción como factor que reduce la eficiencia de la acción del Estado, máxime si se considera que la recurrencia de los fenómenos hidrometeorológicos extremos, será tan alta como la frecuencia de los fenómenos cíclicos de El Niño y de La Niña, donde el impacto del fenómeno dependerá de las adaptaciones ambientales, tanto para enfrentar en caso de  El Niño las sequías y en el de La Niña los inviernos severos. Veamos algo al respecto, de lado y lado.

En cuanto a la máquina atmosférica, donde convergen Calentamiento Global como desastre de primer orden y el aludido fenómeno climático de comportamiento erráticamente cíclico, cabe esta pregunta: sabemos que su denominación dada por las comunidades rurales de las costas del Pacífico sudamericano vecino al Ecuador, obedece a una explicación mítica para las marejadas que azotaban esas costas, hacia la navidad, cada tres a cinco años. Pero la razón que las explica son los cambios en la circulación de los vientos, producidos por variaciones de presión en sistema atmosférico, consecuencia a su vez de una anomalía térmica dada una modificación en el patrón regular de la dinámica de la corriente oceánica que fluye a lo largo de la zona intertropical del Pacífico entre Ecuador y Filipinas.

Respecto al objeto de reconvertir la actividad productiva del medio rural, es reducir la presión sobre las cuencas, al facilitar dos asuntos vitales que exigen políticas de Ciencia y Tecnología: concentrar la actividad económica en áreas aptas liberando humedales, ecosistemas estratégicos y áreas que se deban reforestar, y  entrar a los usos adecuados del suelo con sus correspondientes manejos requeridos para resolver la profunda brecha de productividad que explica la pobreza rural, como factor incidente. Al respecto sólo basta señalar que los desastres en Gramalote, Útica y Santa Ana en La Mojana, en parte son la consecuencia de actividades donde juegan la potrerización o la ocupación indebida del suelo. Igualmente, la causa primera del drama que viven las comunidades a lo largo del Magdalena y en la sabana de Bogotá, son consecuencia de la falta de bosques y de la expansión urbana, en su orden, dos fenómenos que apuntan a la pérdida del factor de regulación de aguas.

Y respecto a la corrupción, si bien la cuantía puesta en evidencia en Colombia por que ha sido descubierta o denunciada, tiene un costo estimado cercano al 1% del PIB, más allá estaría la proporción oculta de las adjudicaciones de contratos públicos fraudulentos no descubiertos o no denunciados, agravando el detrimento patrimonial que afecta los intereses de la Nación e incrementa la cuantía del costo social asociado a temas estructurales de mal funcionamiento de la administración pública, especialmente en materia de contratación. Esto para señalar la urgencia de empezar con la acción correctiva del caso, desde el nivele nacional hasta el local, para desmontar igualmente los carruseles de la “corrupción transparente” que alimentan la maquinaria política de quienes aprovechan la vulnerabilidad de la Ley.

Las cifras lo dicen todo: más de tres millones de damnificados desde abril del 2010 a la fecha, cuyo presupuesto para la atención de la fase de emergencia supera el 1% del PIB, cuantía en la que no entran gastos de reasentamientos de poblados, ni las cuantiosas inversiones necesarias y urgentes para recuperar infraestructura destruida, reactivar tierras de cultivos anegados y reponer viviendas averiadas, temas que serán motivo de la penosa fase de reconstrucción: en efecto, el gobierno nacional ha anunciado inversiones del orden de $1,2 billones para ayuda humanitaria de emergencia, $5,4 billones en obras de rehabilitación, y $19 billones en obras de prevención y mitigación de riesgos. Esto es ahora, pero lo grave es que de no tomar las previsiones del caso, la lista de damnificados crecerá y la economía del país se desangrará en acciones inocuas, al olvidar lo sustantivo y terminarán en un asistencialismo que continuará alimentando la maquinaria del fraude.

Desde el OAM, Ed. Circular RAC 608

http://www.manizales.unal.edu.co/oam_manizales

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Imagen: arte de Brian Eno (fragmento)

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