ESPERANZA Y ACCIÓN EN LA HORA DEL PLANETA

 

 

 

 

 

 

Por Gonzalo Duque-Escobar

 

Millones de personas de todo el mundo, convocados por el Fondo Mundial para la Naturaleza para celebrar la quinta versión de La Hora del Planeta que se celebra el último sábado de marzo de cada año y que consiste en un apagón voluntario, hemos apagado las luces y electrodomésticos durante una hora como una señal de compromiso de la sociedad civil para tomar acciones contra el cambio climático. Y lo hemos hecho porque creemos que esta clase de iniciativas puede resultar eficaz para crear conciencia pública, prácticas de adaptación ambiental y mitigación de la amenaza, siempre y cuando con el concurso de un Estado responsable y previsivo y del sector productivo y empresarial, sea acompañada desde la sociedad civil con acciones de complemento que siembren valores y desencadenen verdaderos procesos que propendan por la reforestación de cuencas, recuperación de humedales, preservación de la biodiversidad y respeto a la vida, además de prácticas culturales que favorezcan el acondicionamiento del hábitat, la cultura del reciclaje, la producción limpia, y la racionalización de los hábitos de consumo, entre otros aspectos.

Sin una base conceptual de soporte para una campaña educativa en la cual se incorporen conceptos claros y valores, mediante los cuales comprendamos por lo menos nuestra relación con la problemática ambiental y las consecuencias del cambio climático como fenómeno del que somos el primer eslabón en la solución pero también el blanco seguro de sus fatales consecuencias, el objetivo de este acto simbólico vivido en la noche que pasa cuando conmemoramos año por año La Hora del Planeta, no resultaría viable dado que las soluciones fácilmente palidecerían frente al insaciable apetito de un modelo económico que restringe su aporte a los necesarios beneficios de la eficiencia energética y de la optimización de los procesos de producción, salvo que esta sociedad logre comprender la importancia de reducir el despilfarro de recursos que supone el desmedido hábito del consumo que propone el mercado.

A pesar de que el cambio climático se reconoce ahora como el mayor reto ambiental para la humanidad, y de que su ocurrencia resulte aceptada por la comunidad científica internacional así sus reales causas sean discutidas, de no empezar por la educación gravitan dudas sobre la viabilidad de aunar esfuerzos coordinados, suficientes y permanentes entre todos los actores sociales, buscando emprender acciones concertadas y coordinadas entre sectores económicos, instituciones públicas y organizaciones civiles, así se reconozca la fuerza de las campañas mediáticas como la de anoche, donde la acción propuesta que parte de un deseo individual que converge temáticamente, logra configurar una plataforma que lo unifica y convierte en una idea fuerza para perseguir un objetivo único. Esto es, esas acciones colectivas más allá de los logros mediáticos, exigen procesos educativos de tipo formativo e instructivo.  

Si bien en campañas soportadas por la Internet y medios de comunicación masivos pueden hacer carrera desde asuntos triviales hasta otros tan fundamentales como éste del calentamiento global, aludimos a la educación dado que lo que está en juego ahora no sólo pasa por los problemas del consumo de energías fósiles y de los niveles de emisión de CO2 como asuntos propios de modelo de desarrollo en curso, sino también por el terreno de la cultura y del equilibrio de los ecosistemas, donde debe profundizarse y sensibilizar a la población en temas que se involucran con dicha problemática en el marco de un desarrollo sostenible: los derechos de los seres vivos, la relación entre el Estado y la economía, y la responsabilidad de los actores sociales.

Así que esta nueva jornada a favor del medio ambiente denominada La Hora del Planeta, posiblemente convertida ahora en el movimiento global de mayor convocatoria jamás organizado, si bien no puede solucionar nada por sí misma, logra ser un símbolo necesario que a modo de reivindicación y gracias a la sinergia con la contundencia de los desastres causados por el calentamiento global, aunque resulte demasiado tarde también puede detonar un cambio siempre y cuando abramos la puerta de la dimensión educativa para desencadenar procesos que hagan viable una acción conjunta, que desde la sociedad civil valore la austeridad y la vida, desde la acción del Estado privilegie la planeación previsiva y solidaria, y desde el sector empresarial tome la senda de la producción limpia y la responsabilidad social.

Desde el OAM, Ed. Circular RAC 604

http://www.manizales.unal.edu.co/oam_manizales

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Imagen en: http://www.solounplaneta.com

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