LA DIMENSIÓN CULTURAL COMO CATALIZADORA DEL DESARROLLO

Por Gonzalo Duque-Escobar

Frente a la pregunta de si es viable un crecimiento económico permanente, en el cual las leyes del mercado puedan crear con la competencia una dinámica capaz de superar los problemas del desempleo y la inestabilidad social y ambiental propias del subdesarrollo colombiano, o por el contrario si lo que se requiere es de un modelo que más que conformarse con las leyes del mercado tenga en cuenta las leyes de la naturaleza y de la sociedad, habrá que sentenciar que ninguna propuesta será sostenible soportada bajo la estrecha premisa de que las leyes del mercado son inexorables, ni siquiera soportando el desarrollo en políticas de ciencia y tecnología así el Estado las complemente con su necesaria función de regulación e intervención, implementando las acciones necesarias para un desarrollo sin entropía social y ecológicamente sólido, tal cual se promete en el PND “Prosperidad para todos”, mientras su conjunto de axiomas y enunciados desconozca la dimensión de la cultura como agregado fundamental  para que el modelo resulte ser éticamente viable y socialmente aceptable.

Cuando se habla de desarrollo, aludimos a tres condiciones: Crecimiento absoluto y sostenido, Progreso científico y tecnológico, y Propagación social del crecimiento y el progreso. Cuando se alude al subdesarrollo, aludimos a un fenómeno en sí mismo, que supone dominación desde afuera y desarticulación hacia adentro.  Y cuando se enuncia el desarrollo sostenible, se expresa la interdependencia de sus factores en tres pilares: el ecológico, el social y el económico. Pero el asunto aquí, es que la cultura siempre ha escapado a estas teorías que soportan los modelos del desarrollo, lo que explica las graves tensiones sociales, olvidos, errores y deudas no saldadas, como algunos hechos que se podrían repetir en Colombia donde  no en vano los principales escenarios de conflicto se siguen dando en torno a los proyectos mineros, energéticos y de infraestructura, dado que argumentamos en función de las causas que los justifican pero sin consideración alguna a sus consecuencias.

De ahí que frente a los modelos de desarrollo posiblemente más discutidos, los de desarrollo sostenido que imperaron ayer y los del desarrollo sostenible ahora en juego, se hayan  cuestionado al mismo tiempo sus presupuestos conceptuales y éticos,  para proponer como tercera vía la de un desarrollo compatible con la cultura y por lo tanto con el conocimiento, donde entran en juego además de la ciencia, la tecnología y la innovación, también los saberes y la plataforma simbólica y axiológica de la sociedad plena de capacidades cognoscitivas y técnicas que anteceden a la misma ciencia con su plataforma instrumental. Insistimos entonces que es frente a la complejidad cultural donde se deben formular, analizar, adaptar, legitimar, implementar y evaluar los diferentes modelos de desarrollo, en atención a las valoraciones y cosmovisiones diferenciales de las colectividades humanas de cada territorio específico de nuestra Colombia biodiversa y pluricultural.

Es que si en nombre del desarrollo terminamos por destruir los activos naturales y valores humanos superiores soportados en la ciencia y en uso de su carácter tecnocrático, entonces falla la ciencia y la tecnología por su incapacidad de abarcar, interpretar y aceptar la complejidad de la problemática y potencialidad social y ambiental de las bioregiones de nuestro país, en unos presupuestos de sus relaciones con la naturaleza y la sociedad. Si la dimensión cultural en el PND termina siendo un aspecto y no el carácter mismo de las propuestas del desarrollo, se termina por desconocer la cultura como campo que abarca a la ciencia, donde naturaleza y sociedad son variables culturales con relaciones dialécticas. Pero si en cada estrategia dialogan territorio y colectividades humanas como sujetos de desarrollo, las innovaciones y tradiciones se podrán regular como cambios en los diferentes dominios de una determinada cultura y su medio a transformar, entendida ella en su sentido integral, donde entran en juego industrias, instituciones, símbolos y valores, y por lo tanto la red de los entramados de prácticas y entornos que la integran.

Desde el OAM, Ed. Circular RAC 601

http://www.manizales.unal.edu.co/oam_manizales

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Imagen en: http://totumasymaracas.files.wordpress.com

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